(...) Sí pensaron que esa sería una bonita escena romántica, en la que el apuesto chico corre contra viento y marea para alcanzar a la mujer que ama, besarla bajo la lluvia, llevarla a su casa, meterla a la ducha tubia y hacer bebés toda la noche, piensenlo dos veces. Lo único romántico que tuve fue una deliciosa sopa de caldo de pollo que Agatha amablemente me preparó cuando me vio llegar a casa con la apariencia de una paleta en nevera. Tuve una cita con mi miseria y mis ojos rojos e hinchados de tanto llorar. Una bella escena digna de admirar. Pero lo más hermoso de todo aquello fue, la bendita gripe que caché por andar de dramática. Tres semanas habían pasado después de aquello. Los agentes de la CIA seguían resguardando la casa para darnos protección a Agatha, a Ángel y a mí, qu

