Fernanda se sintió por un momento derrotada. Su papel como Nina Ferrer comenzaba a debilitarse. Las mentiras no podían ser duraderas. Ella no era una multimillonaria, ni mucho menos una mujer de negocios que pudiera recorrer el mundo como decía que Nina lo hacía. No tenía cuentas bancarias, ni una vida resuelta, como lo tenía Salma. Lo único que poseía era una deuda millonaria y problemas con el señor Dávila si no cumplía con su papel de Nina Ferrer. — Entiendo tu enojo Salma —dijo Fernanda al caer en la cuenta de que la mujer estaba condenada a vivir una vida sin amor a cambio de su carrera profesional— no volverás a saber de mí, al menos en tu círculo social. Fernanda le sonrió con debilidad antes de dar media vuelta y seguir su camino. — ¡Aléjate de Yan! —gritó la rubia. — ¡Yo lo pu

