A Fernanda le dolía la cabeza de tanto pensar. La situación se le había ido de las manos. No debió pelearse con Salma ni mucho menos haberle gritado cosas de las cuales se arrepentía. Encima de todo, le había confesado a Yan su creciente sentimiento que va "más allá de una simple atracción". Suspiró. El tiempo que había pasado con Adela en la cafeteria le había ayudado a mantener la cabeza fría. Le había pedido que ella se llevara el auto a su departamento, pues no quería que su madre se cuestionara cómo es que teniendo el pago de la hipoteca podría costar un carro como el que tenía, definitivamente no podía decir que tuvo que sobornar a su jefe por ser un perfecto idiota con ella. Estaba en su cubículo haciendo los últimos reportes del día, cuando sus pensamientos fueron interrumpidos

