Raquel y Lea vieron que se acercaba a la orilla un hombre vestido de león y lloraron silenciosamente la muerte de su marido. No obstante, este hombre león se veía diferente; cojeaba de una pierna y no se mostraba con el mismo tamaño y fortaleza que la madrugada. Rubén reconoció el cayado de su padre y corrió a recibirlo.
Israel abrazó a su hijo y apoyado en éste se reunió con su familia. Llenos de gozo por la victoria celebraban con bailes y cantares. En medio de la fiesta, el varón alzó los ojos y divisó un ejército de hombres que se acercaba desde el Oriente.
Su hermano Esaú venía por él.
Sepárense mis hijos y júntense a sus madres. Las quiero a cada una con su simiente, y póstrense las siervas y mis descendientes primero delante de mi hermano. Luego Lea, mi primogénito y mis hijos con ella. Tú Raquel, ríndele respeto allí donde estás, y acompaña a tu madre, José.
Cuando llegó Esaú vio la misma configuración de las manadas que le enviaron, en la forma como su hermano le recibía. Israel cojeó desde el lugar de Raquel hasta Esaú, inclinándose siete veces. Todo un pueblo de almas miraba con ansiosa expectativa lo que habría de suceder entre un forastero vestido de León blanco y un guerrero que le salía al encuentro.
Israel levantó el rostro hacia su pariente y en un guiño de ojo pudo entender Esaú lo que miles de palabras no podían decir. Entonces el gigante emprendió una veloz carrera y tomando a Israel, le besó y lloraron los dos.
– ¿Y quiénes son estos Jacobo?
–Son los frutos que me ha dado el Señor…
– ¿Bien cargada la matica verdad?
–Pues bueno.
– ¿Y qué te proponías con esa choriza de manadas, y ahora esta pirámide familiar? ¿Ibas a dejar que les vaciara las tripas a todos antes que a ti?
–Ellos son tuyos; compré tu primogenitura con un guiso, ahora te la estoy pagando mejor, y aún quedo en deuda por lo que vale.
–No chiico, guárdate tus vaquitas, yo tengo mucho aquí. Me ha ido bien con la espada. Aparte de eso mamá puso en cintura a mis mujeres; esas cananitas trabajan como unos burros…
– ¡No puede ser! ¿Cómo lo logró?
–Ella dice que hizo un negocio con unas mandrágoras; y yo opino que “si no está roto…”.
Pasaron la mañana poniéndose al corriente en todos los asuntos y dándose muestras de afecto. Israel preguntó a su gemelo cómo estaban las tierritas por allá en Siquem, pues tenía ganas de vivir cerca de la ciudad. Esaú estuvo de acuerdo con la idea y mandó a sus hombres a reunir los dos campamentos para emprender el viaje, y en lugar de regresar con Esaú, acompañaran a Jacob.
Entonces los siervos le dijeron el nuevo nombre de su hermano menor, y Esaú rió distendidamente.
– ¿Cuál es la risa? –preguntó Israel.
–Hace tres días me visitó un misterioso varón –respondió Esaú–, y me dijo que iba a enfrentarme a mi peor enemigo, uno que había luchado con Dios y los hombres, y había vencido. Que le conocería por la piel de león que perdí años atrás cuando expulsé a unos invasores. También me advirtió que vendría con engaño y manipulación a privarme de todo cuanto poseo, y que me convertiría en siervo de aquel usurpador.
Y yo le respondí: “Ah… Ese es mi hermano Jacob que viene a visitarme… no te preocupes; aquí hay suficiente guiso para los dos”.
Y rieron los morochos como en los viejos tiempos.
Fin
El Espíritu de Dios y Marco Tulio Gentile