CAPÍTULO VEINTIOCHO Riley se quedó mirando el mensaje, aturdida y horrorizada. Llevo rato sentado aquí con una pistola en mi boca. ¿Bill estaba a punto de suicidarse? ¿Ya lo había hecho? Estaba completamente despierta ahora, conmocionada y aterrada. Marcó el número de Bill en su teléfono celular. El teléfono sonó por un momento, y luego escuchó la contestadora. Dadas las circunstancias, el mensaje sonaba extrañamente alegre. Riley gritó en el teléfono luego del pitido. “¡Bill! ¡Contesta, maldita sea! ¡Es Riley! ¡No juegues conmigo! ¡Contesta ahora!”. Nadie respondió. Las manos de Riley temblaban tanto que apenas podía sostener el teléfono. En su mente veía a Bill sentado solo con un arma cargada, pensando en dispararse a sí mismo. “¿Ya lo había hecho?”, pensó. Ella marcó su n

