Zahori. Las luces de la calle parpadean hasta quedar completamente apagadas. Logan y Carlo nos hacen señas desde los camiones, es aquí cuando debemos actuar. Son las nueve de la noche, la hora perfecta para atacar porque, según Catalina; a esta hora las niñas están bajo los efectos del DEMV. Natasha y yo empujamos el container de la basura hacia un lado y bajamos los pequeños escalones que nos llevan al cuarto donde se supone que deberíamos colocarnos ropa desechable como si fuesemos a entrar a un quirófano. Abro las puertas metálicas con el triángulo llave inglesa y avanzamos por el oscuro pasillo. —Ya podeis devolver la electricidad— le dice Natasha a Carlo por medio del micrófono infiltrado en el cuello de su braga enteriza. Las bragas enterizas fueron mi creación hace dos años

