CLARISSE Observo como en el titular de un periódico de chismes hablan nuevamente de Samuel y de su relación con “la soltera más cotizada de la prensa rosa”, o sea, de mí. Suspiro agotada de todo este escándalo, porque ni Samuel ni yo necesitamos de esta basura. Alzo la vista y Fabiana me observa apenada. —No pasa nada, Fabi —digo. Ella me observa muy poco convencida—. Haré una declaración de prensa y todo aclarado —termino diciendo. —No es necesario —dice ella—. Tampoco es necesario que cuente lo del bebé en camino, es su vida privada. Suspiro agotada y me dejo caer en mi silla giratoria. —Samuel se va a querer morir —pienso en voz alta. Fabiana sonríe y asiente hacia mí—. A la mierda, voy a redactar un comunicado en mi i********: personal. Fabiana me observa confundida, porque

