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1456 Palabras

Cada vez que Elizabeth respondía con calma o se negaba a ceder, Gabriel sentía una mezcla de admiración y traición que lo ahogaba. ¿Por qué no confió en mí? ¿Por qué me ocultó todo esto? La Elizabeth que conocía, la mujer que había dormido en sus brazos, que había compartido sus sonrisas y sus secretos, ahora parecía una desconocida y esa revelación lo destrozaba más que cualquier golpe. -Suficiente -dijo Antoine tras un rato, levantando una mano. Los hombres retrocedieron, dejando que Elizabeth se desplomara un poco en su silla. Su rostro estaba magullado, pero sus ojos seguían ardiendo de determinación. Gabriel, incapaz de contenerse, golpeó con los pies el suelo, emitiendo sonidos ahogados por la mordaza. Su mirada se clavó en Elizabeth, exigiendo respuestas. Antoine sonrió al verlo.

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