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948 Palabras

No puedes engañarme  Dentro de la habitación, Elizabeth apenas comenzaba a cambiarse, con Sarah ayudándola a ajustar la ropa y ocultar cualquier rastro de lo que había ocurrido. Sin embargo, incluso a través de la puerta, Gabriel podía escuchar los suaves murmullos de las dos mujeres, y la sensación de que algo se le escapaba no lo abandonaba. Gabriel de pie frente a la puerta de Elizabeth, su mano aún sobre el pomo. Algo en él se sentía inquieto, una mezcla de duda y preocupación que lo había seguido desde el encuentro en el enfrentamiento con los asesinos. Necesitaba verla, asegurarse de que estaba bien. No podía apartar de su mente la imagen de la figura encapuchada que lo había salvado. Había algo en su porte, en su determinación... una familiaridad que lo desconcertaba. Tomó aire

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