Capítulo 6: Ecos del Umbral

1238 Palabras
La frase del Archivo quedó suspendida en el aire como una sombra imposible de ignorar. “También podrías ser quien los destruya.” Adrián permaneció de pie frente a la esfera dorada, sin moverse, como si el suelo bajo sus pies se hubiera vuelto frágil. Durante unos segundos no dijo nada. Luego dejó escapar una risa corta y amarga. —Perfecto… —murmuró—. Exactamente lo que necesitaba escuchar. La esfera siguió flotando en silencio. Adrián comenzó a caminar por la plataforma circular, pasando una mano por su cabello oscuro. —Entonces déjame entender bien esto —dijo—. Según tú, hay una puerta gigante que conecta todos los mundos. Esa puerta está rota, y si se abre completamente… todo desaparece. —Corrección: colapso de múltiples realidades conectadas. —Sí, eso —respondió Adrián—. Y la única persona que puede detenerlo soy yo. La esfera no respondió. Adrián levantó la mirada hacia ella. —¿Verdad? La voz volvió a escucharse. —No confirmado. Adrián frunció el ceño. —¿Cómo que no confirmado? —El Portador del Umbral puede restaurar el sello… o terminar de romperlo. El silencio volvió a llenar la sala. Adrián se detuvo frente a la esfera. —Entonces no soy el salvador. La luz dorada parpadeó suavemente. —No necesariamente. —Soy una especie de… interruptor. —Definición aceptable. Adrián soltó un suspiro largo. —Genial. Caminó hasta una de las estanterías de piedra. En ella descansaban varios cilindros metálicos cubiertos de símbolos. Tomó uno y lo examinó. —¿Todo esto es conocimiento de los guardianes? —Confirmado. —¿Y nadie ha venido aquí en siglos? —Confirmado. Adrián volvió a mirar la enorme biblioteca subterránea. Miles de años de historia… completamente olvidados. —Entonces el Consejo Sombrío no sabe que este lugar existe. —Probabilidad alta: desconocimiento parcial. —Eso significa que Lira está peleando allá arriba contra gente que ni siquiera sabe lo que estoy encontrando aquí. La esfera permaneció en silencio. Adrián dejó el cilindro nuevamente en su lugar. —Tengo que volver. —Advertencia: salida inmediata aumentaría probabilidad de captura. —Lo sé —respondió Adrián—. Pero no puedo dejarla sola. La esfera giró lentamente. —Prioridad principal: preservación del Portador. Adrián negó con la cabeza. —No. Mi prioridad principal es no dejar morir a la única persona en este mundo que no ha intentado matarme todavía. El Archivo no insistió. Adrián comenzó a caminar hacia la salida. Pero algo ocurrió. La luz de la esfera cambió. Se volvió más intensa. El suelo de la sala vibró. Adrián se detuvo. —¿Qué pasa ahora? Las estanterías comenzaron a emitir un leve resplandor. Miles de símbolos antiguos se iluminaron al mismo tiempo. La voz del Archivo habló nuevamente. —Intrusión detectada. El corazón de Adrián dio un salto. —¿Los soldados? —Confirmado. Adrián apretó los puños. —Entonces ya atravesaron el santuario. —Confirmado. La sala quedó en silencio unos segundos. Luego apareció una nueva imagen en el aire. Era el santuario superior. Adrián vio a Lira. Estaba luchando. Tres soldados del Consejo Sombrío la rodeaban. Sus espadas brillaban bajo la luz azul del santuario. Lira se movía con rapidez, esquivando un golpe y respondiendo con otro. Adrián sintió que el estómago se le contraía. —Maldita sea… Uno de los soldados atacó desde atrás. Lira se giró justo a tiempo para bloquear el golpe, pero el impacto la obligó a retroceder. Adrián golpeó el pedestal con el puño. —Tengo que subir. La esfera respondió. —Advertencia: riesgo extremo. —No me importa. Adrián miró nuevamente la imagen. Los soldados comenzaban a avanzar con más coordinación. Uno de ellos llevaba una armadura distinta. Más oscura. Más pesada. El capitán. —Identificación confirmada —dijo la voz del Archivo—. Capitán Vaelor. Adrián frunció el ceño. —¿Quién es? —Comandante del destacamento del Consejo Sombrío en Elarion. —Perfecto. La imagen cambió. Ahora mostraba a Vaelor caminando lentamente hacia Lira mientras los otros soldados la mantenían ocupada. El capitán llevaba una espada larga de metal oscuro. —Objetivo principal detectado —continuó la voz—. Captura del Portador. Adrián respiró profundamente. —Entonces no solo saben que crucé la puerta… La voz terminó la frase. —Saben lo que eres. Adrián sintió un escalofrío. —Eso no es bueno. La esfera descendió hasta quedar frente a él. —Protocolo de emergencia disponible. Adrián levantó una ceja. —¿Qué significa eso? La luz dorada se intensificó. —El Archivo puede transferir conocimiento parcial del sistema de puertas al Portador. Adrián parpadeó. —¿Transferir conocimiento? —Sí. —¿Como… meter información en mi cabeza? —Definición aceptable. Adrián lo pensó un segundo. —¿Y qué tipo de información? —Uso básico de resonancia del Umbral. Adrián frunció el ceño. —Eso suena peligroso. —Confirmado. —¿Qué pasa si sale mal? La respuesta fue inmediata. —Daño cerebral permanente. Adrián soltó una pequeña risa. —Claro. ¿Por qué no? Miró nuevamente la imagen del santuario. Lira acababa de derribar a uno de los soldados. Pero Vaelor ya estaba avanzando hacia ella. Adrián cerró los ojos un segundo. —Bien. La esfera se iluminó. —Confirmar procedimiento. Adrián respiró profundamente. —Hazlo. La luz dorada explotó. Miles de símbolos comenzaron a girar alrededor de Adrián. El aire se volvió pesado. La voz del Archivo resonó con fuerza. —Transferencia iniciada. Adrián sintió un dolor brutal en la cabeza. Cayó de rodillas. Imágenes inundaron su mente. Puertas gigantes. Runas antiguas. Mapas de mundos conectados. Símbolos que se movían como engranajes invisibles. Energía fluyendo entre realidades. El Umbral. Las puertas no eran simples portales. Eran nodos. Puntos de equilibrio. Y la Puerta Primera… Era el corazón de todo. Adrián gritó. El dolor era insoportable. —¡Detén… esto! —Transferencia en progreso. Más imágenes. Guardianes sellando puertas. Maltherion rompiendo el primer sello. El Consejo Sombrío formando su orden. Y finalmente… La Puerta Primera. Mucho más grande de lo que había imaginado. Flotando sobre un abismo infinito. La grieta en su centro brillaba con una oscuridad viva. Adrián abrió los ojos de golpe. El dolor desapareció. Respiraba con dificultad. La sala estaba en silencio nuevamente. La esfera flotaba frente a él. —Transferencia completada. Adrián se levantó lentamente. Algo había cambiado. Podía sentirlo. Era como si una parte de su mente ahora comprendiera cosas que antes eran imposibles. Miró su mano. Un símbolo brillante apareció brevemente sobre su piel. Luego desapareció. —Eso… fue extraño. La esfera habló. —Resonancia del Umbral activa. Adrián respiró profundamente. —Bien. Miró hacia la escalera. —Ahora vamos a ver si todo ese dolor valió la pena. La voz del Archivo habló una última vez. —Advertencia final. Adrián se detuvo. —¿Qué? —El uso incorrecto de la resonancia podría acelerar la ruptura de la Puerta Primera. Adrián suspiró. —Claro. Se giró hacia la salida. —Nada de presión. Comenzó a subir las escaleras. Cada paso lo acercaba nuevamente al santuario. A la batalla. A Lira. Y a los soldados del Consejo Sombrío que estaban esperando arriba. Pero ahora Adrián no era exactamente el mismo hombre que había bajado al Archivo. Ahora llevaba dentro de su mente una parte del poder que había creado las puertas entre mundos. Y por primera vez… podría usarlo.
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