Capitulo 4: En El Laberinto de la Verdad

1418 Palabras
Elena se apoyo contra la pared de su pequeño apartamento, todavía sosteniendo el sobre anónimo en su mano temblorosa. Las palabras escritas en la nota flotaban en su mente: "No estas sola. Cuidado con en quien confías". Esa advertencia podia provenir de alguien que pretendía ayudarla, o de alguien que quería sembrar desconfianza. Pero una cosa era clara: había mas ojos sobre ella de los que había anticipado. El sonido de su teléfono vibrando la saco de sus pensamientos. Miro la pantalla; un numero desconocido. Su dedo dudo un segundo antes de aceptar la llamada. —¿Hola? —Elena Woods —la voz era masculina, firme, con un ligero acento europeo—. Soy Luka, un amigo de Rafael. Estoy en contacto con ciertas personas interesadas en tu causa. Personas que desean ver caer a Gabriel Moreau tanto como tú. Necesitamos hablar, en persona. Elena sintió una punzada de desconfianza. —¿Y por qué debería confiar en ti? Luka se rio suavemente al otro lado de la linea. —Porque ahora mismo no tienes a nadie más en quien confiar. Y porque tengo información que te interesa, información que podría ayudarte a encontrar el informe que buscas. Elena mordió su labio inferior, sopesando sus opciones. Sabia que este tipo de contacto siempre implicaba un riesgo, pero si Luka tenia lo que necesitaba, no podia ignorarlo. —Está bien —respondió finalmente—. ¿Dónde y cuándo? —En una hora, en el parque cerca de la estación de metro. Viste algo discreto. La llamada se corto antes de que Elena pudiera responder. Se apresuro a cambiarse, optando por ropa simple y oscura. Se echo una mirada rápida al espejo, sus ojos mostraban una mezcla de determinación y ansiedad. Tomo su bolso, ocultando un pequeño dispositivo de grabación en el interior, y salió al encuentro con este nuevo desconocido. Mientras tanto, Gabriel caminaba con paso decidido por los pasillos de la sede de Ecotex, su mente ocupada en la conversación con Isabella. Sabia que ella siempre tenia motivos ocultos, pero esta vez su llegada era una complicación que no había anticipado. Al llegar a su despacho, su asistente, Marta, lo esperaba con una expresión preocupada. —Señor Moreau, tenemos un problema. Los sistemas de seguridad han detectado un acceso no autorizado a uno de nuestros servidores confidenciales anoche. Parece que alguien intentó obtener información clasificada. Gabriel frunció el ceno, su expresión endureciéndose. —¿Alguien desde adentro? Marta nego con la cabeza. —No, parece ser externo. Utilizaron un enrutamiento complejo, pero el origen es local. Estamos tratando de rastrear la ubicación exacta, pero sospechamos que está relacionado con la reciente campaña mediática contra nosotros Gabriel respiro hondo, sus pensamientos inmediatamente se dirigieron a Elena. Sabia que ella no se rendiría fácilmente, pero no esperaba un ataque tan directo tan pronto. Sin embargo, esto también podría ser obra de Isabella, buscando la situación a su favor. —Continúen con el rastreo —ordenó—. Y mantengan a Elena Woods bajo vigilancia. Quiero saber cada movimiento que haga. Marta asintio y salió rapidamente del despacho, dejando a Gabriel solo con sus pensamientos. Había pasado demasiado tiempo subestimando a sus enemigos, y ahora la presión estaba acumulando. Sabia que debía jugar con mas astucia que nunca. En el parque, Elena llego al lugar acordado. Su mirada recorría los alrededores en busca de Luka. Finalmente, lo vio: un hombre alto, de complexion atlética, con una chaqueta oscura y un rostro serio. Luka parecía estar en sus treintas, con una barba bien cuidada y ojos que reflejaban una mezcla de alerta y cansancio. —Elena —dijo Luka en voz baja cuando se acercó—. Gracias por venir. No tenemos mucho tiempo. —¿Qué sabes sobre el informe? —preguntó ella directamente, sin querer perder tiempo en cortesías. Luka asintio, respetando su urgencia. —Sé que estás buscando un informe interno que expone las prácticas ilegales de Ecotex. He trabajado como analista de seguridad en varias empresas antes, y te diré que Ecotex es uno de los lugares más protegidos que he visto. Pero cada sistema tiene una debilidad. —¿Y cuál es esa debilidad? —presionó Elena. Luka miro a su alrededor, asegurándoselas de que no había nadie escuchando, y luego se inclino mas cerca. —Hay un servidor oculto en su edificio principal, uno que no está registrado en su sistema oficial. Se usa para almacenar información altamente sensible que no quieren que nadie vea, ni siquiera sus propios empleados. Está ubicado en una sala de archivos protegida por sistemas biométricos. Elena lo miro con escepticismo. —¿Cómo sabes todo esto? Luka sonrió. —Porque trabajé para ellos durante un tiempo, hasta que me di cuenta de lo que realmente estaba pasando. Y porque, a diferencia de la mayoría, creo que alguien debe detener a Gabriel. Elena asintio, sabiendo que había captado su atención. —Necesitarás dos cosas: una tarjeta de acceso de un alto ejecutivo y una copia de su huella digital. La tarjeta la podemos conseguir. Pero la huella será más complicada. Hay un evento privado de Ecotex esta noche, una especie de fiesta exclusiva. Si logras colarte y acercarte a uno de sus ejecutivos, podrías conseguirla. Elena sintió un nudo en el estomago. Sabia que infiltrarse en un evento de ese tipo era peligroso, pero no veía otra opción. —Lo haré —respondió con firmeza—. Dime lo que necesito. Esa noche, Elena se encontro en la entrada de un lujoso hotel en el centro de la ciudad, donde la fiesta privada de Ecotex estaba en pleno apogeo. Se había vestido con un elegante vestido n***o que había comprado para ocasiones especiales, y se cubrió con una capa larga para pasar desapercibida. Luka le había promocionado una tarjeta de invitación falsa, pero necesitaba actuar con naturalidad para no levantar sospechas. Al entrar, el sonido de la musica y el murmullo de las conversaciones la envolvieron. Sus ojos recorrieron rápidamente la multitud, buscando un objetivo. Observo a los ejecutivos de Ecotex moviéndoselo por el lugar, copas de champagne en mano, hablando en círculos cerrados de confianza. Reconoció a varios de ellos por las fotografías que había estudiado, pero necesitaba acercarse a uno de los mas cercanos de Gabriel. Finalmente, vio a Marc Duval, el jefe de operaciones de Ecotex. Sabia que sus investigaciones que el tenia acceso a información confidencial y era cercano a Gabriel. Elena se acerco lentamente tomando una copa de una bandeja mientras se mezclaba con la multitud. Observo como Duval hablaba con otro hombre, riendo y gesticulando. Cuando finalmente vio una oportunidad, se acerco a el con una sonrisa encantadora. —Señor Duval, un placer conocerlo —dijo, extendiendo la mano. Duval la miro con curiosidad, sorprendido por su aproximación, pero sonrió y acepto su mano. Mientras lo hacia, Elena activo discretamente el pequeño dispositivo que Luka le había proporcionado, que capturo la huella digital de Duval. —El placer es mío —respondió Duval, aún con una sonrisa. —Soy una gran admiradora de su trabajo en Ecotex —añadió ella, improvisando—. Su enfoque innovador en operaciones es fascinante. Duval pareció satisfecho con el halago, pero antes de que pudiera responder, una voz detrás de Elena corto la conversación. —Vaya, Elena Woods, no esperaba verte aquí. Elena sintió un escalofrío al escuchar la voz de Gabriel. Se giro lentamente para encontrarse con su mirada fija en ella, sus ojos grises brillando con una mezcla de sorpresa y algo mas, algo mas oscuro. —Gabriel —respondió, manteniendo su voz firme, aunque su corazón latía con fuerza—. Qué coincidencia. Gabriel sonrió, pero no había humor en su expresión. —¿Coincidencia? No lo creo. Tengo la sensación de que nuestras reuniones nunca son coincidencias. Elena supo que debía mantenerse firme, sin dejar que el viera su miedo o su nerviosismo. Se obligo a sonreír. —Tal vez el destino quiere que sigamos encontrándonos, Gabriel. El inclino la cabeza ligeramente, evaluándola. —O tal vez, alguien está jugando un juego que no comprende del todo. Antes de que pudiera responder, Gabriel dio un paso mas cerca, tan cerca que Elena podia sentir su aliento. —Espero que disfrutes de la fiesta —dijo en voz baja—. Podría ser tu última. Elena mantuvo su sonrisa, pero sintió el peso de la amenaza en sus palabras. Sabia que estaba en terreno peligroso, y que la noche aun no había terminado.
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