Después de lo que dije, Mcboy no me dirigió la palabra. Comimos en silencio (algo que había dejado de ser habitual) y el aire se llenó de incomodidad. Mcboy parecía pensativo y evitaba mi mirada. En esa ocasión, al terminar de comer, me fui a mi habitación a hacer los deberes. Estuve encerrado hasta que mi estómago rugió hambriento y decidí salir. La televisión estaba encendida, pero Mcboy dormía en el sillón. ¿Qué tan cansada podría ser la vida de un actor? Regresé a mi habitación por una manta y me acerqué con sigilo a Mcboy. Apagué el televisor y me proponía a la tarea de cubrirlo cuando despertó y me tomó firmemente de las muñecas. – Tranquilo. Solo quería cubrirte – Mcboy entrecerró los ojos y me miró perspicaz. Un brillo para nada normal brilló en sus ojos y una sonrisa socarrona co

