El escritor Apostólico Había obligaciones que pesaban más que otras sobre las espaldas de Giulia. Una de ellas era deber escuchar a algunos postulantes aburridos, con sus peticiones sin sentido. Hacía ya más de media hora que estaba escuchando al barbero Maestro Maffeo y a su compadre Maestro Cesare da Capranica: los dos habían repetido su petición al menos tre veces. «Madonna Iulia, estamos aquí para pediros...», decía uno. «… sí, sí, a pedir a vuestra Ilustrísima persona...», continuaba el otro. «… una compensación por la medicación hecha y llevada a cabo a Fray Vincenzo da Carbognano...» «… doce ducados de carlino» «… y quizás dentro de ocho días, que debemos pagar al mercader que nos suministra el material para sacar adelante nuestra honestísima actividad...» «… la herida supur

