Las luces del día estaban en las últimas y la mujer, de mala gana, volvió a bajar al vil mundo de los humanos. *** Después de la ceremonia religiosa, como era normal en los linajes nobles, se ofreció un suntuoso banquete: los platos fueron muchos y muy coreografiados, pero el auténtico protagonista del banquete fue el cerdo asado en salsa amarilla. Los intensos aromas de la canela, clavos de olor, pimienta y azafrán embriagaron a los comensales cuando llegó, en la salsa adobaba para una fiesta, llevado por una fila de servidores con bandejas llenas de carne todavía crujiente del fuego. Giulia había picado un poco de las guarniciones que había ya en la mesa: había probado un poco de la frittata verde, emplatada formando una especie de montículo, y estaba jugueteando con los dientes del

