Estaba destrozada porque nunca esperé que mi esposo fuera capaz de hacerme algo así, mucho menos en este momento de mi vida, cuando estoy a punto de graduarme y cuando he luchado tanto por lograr mi sueño. Todo lo que había hecho, todo el esfuerzo, cada noche sin dormir, cada sacrificio… todo parecía perder sentido de repente. No podía entenderlo ni procesarlo. En mi mente solo había preguntas que no tenían respuesta: ¿en qué momento me equivoqué? ¿Cuándo empezó todo esto? ¿Cómo no lo vi antes? Mientras pensaba en todo eso, seguía sosteniendo el teléfono en mi mano. Mis dedos temblaban y aun así no podía dejar de mirar la pantalla. Las fotografías seguían allí como si se burlaran de mí. Cada imagen era peor que la anterior y no había forma de negar lo que estaba viendo. Sentí una presión

