Nunca un gemido con mi nombre me había gustado tanto como este. Se me quedó grabado en mi cabeza de una manera intensa. Le di la vuelta, dejándola en cuatro. Levanté su cintura para que sus piernas quedaran alrededor de mis caderas, dejándola sujeta con sus manos al sofá, y la seguí penetrando desde atrás. Pero esta vez lo hice dando fuertes azotes a su trasero, jalando su cabello, tomándola como una perra, haciéndola sentir todo el sufrimiento por el que había pasado desde que se había negado a darme esto. Si ya supiera todas las veces que me masturbé pensando en su nombre, sentiría vergüenza por haberme hecho esperar tanto. Pero le mostraría que toda acción trae consecuencias, así que no le daría respiro. Una nalgada tras otra. Sus nalgas comenzaron a ponerse rojas y eso parecía excit

