Dann al escuchar lo que ella le dijo palideció. No sabía que sus hombres habían hecho tal idiotez como la de golpear de aquella manera al padre de Elena. — ¿Recuerdas el rostro de los hombres que hicieron tal cosa? —no podía dejar de verla. En el expediente que aquel hombre trajo para él, decía el secuestro que la mujer que estaba frente a él había pasado. Ella asintió. —Si los reúno a todos en un mismo sitio, ¿podrías mostrármelos? —inquirió. —Si puedo hacerlo. Dann ordenó a los suyos que se reunieran todos en el lado trasero de la casa. Todos lo hicieron una vez listos todos. Alexandra señaló uno por uno a los hombres que golpearon a Joseph. —Gracias, has hecho un buen trabajo—suspiro. —Por favor, llévala de nuevo a la habitación—le ordenó a una de sus empleadas. Alexandra no vol

