Nadie sabía porque Joseph había golpeado a su hijo de aquella forma, evidentemente él no era el responsable del secuestro de Alexandra, pero sí de los anteriores dolores de cabeza de su padre. Joseph el Alfa, había confiado en él porque sabía que todas sus cualidades lo hacían el mejor para ese trabajo, pero se había equivocado y se arrepentía. No sabia dónde estaba ella, se sentía confundido y frustrado. El hecho de que un humano se inmiscuyó en la manada, en los coches de él lo hacia parecer todo más sin sentido alguno. Los lobos no confiaban en todo mundo, tan solo en los de su manada. —Regresa al extranjero y deja a Alexandra en mis manos, seré yo quién la encuentre no puedo seguirte dando ordenes alguna, me has demostrado que no lo puedes llevar a cabo—dijo su padre duramente. Aq

