Vanessa se notaba alegre por la salida con aquel lobo llamado Jonh. No había preguntado nada de él y lo trataba como que si lo hubiese conocido de toda la vida. «Qué ingenua eres», rio al pensar aquello. Sentía las feromonas de ella en el ambiente su libido estaba floreciendo. — ¿Te gustaría ir a un lugar más privado? —le susurró al oído. El rostro de ella se enrojeció, sentía mariposas en el estómago. Llegaron al apartamento de él. — ¿Aquí es dónde te estás quedando? —preguntó ella. —Si, es aquí, no hay nadie más si es lo que deseas saber, solo estamos los dos—le acomodó un mechón de cabello detrás de la oreja. —Creo que vamos muy rápido, pero mi ser ya te desea—musitó ella. — ¿Bebes? Tengo un buen vino, ¿quieres que lo traiga? —le preguntó él. Ella asintió con inseguridad. La vio

