Alexandra no tenía ni vista ni oídos mejorados, pero su sentido del olfato, le permitía detectar criaturas de otro mundo, si la que tenia delante era un lobo de manada o solitario, pero no podía diferenciar entre linajes ni quién era familiar de quién. Ella siempre lo atribuyo a que ella misma era de otro mundo, eso era todo, porque no o percibió hasta que estuvo demasiado cerca. A diferencia de los verdaderos hombres lobos que podían oler a kilómetros de distancia, ella solo podía detectarlo cuando estaba cara a cara con ellos o si estaban en el mismo sitio en el mismo lugar que ella, tenia un alcance de unos 40 metros, eso era todo. Vio que el sendero terminaba más adelante y casi se desplomó de alivio, aunque no le gustaba el aspecto de ese rio que corría por esa parte del camino, esta

