POV ALESSANDRO. Bajé rápidamente las escaleras, escuchaba los gritos de Maia atrás de mí, pero, no le prestaba atención, tenía mucha ira, necesitaba descárgala con el maldito de Esteban y enseñarle que a una mujer no se le tocaba, le daría la mayor paliza de su vida. Abría la puerta cuando su mano me agarró del brazo. —¡No lo hagas! ¡por favor no! —gritó, estaba asustada y no paraba de llorar—. ¡Solo quédate conmigo! ¡No salgas! Al verla en ese estado y verme a mí mismo calmarme ante sus suplicas y mirada, logrando dejar a un lado mi odio y la ira que sentía para abrazarla y hacer lo que me pedía, me di cuenta que la amaba con toda mi alma, ella tenia las llaves de mi corazón. —No quiero que estés asustada y mucho menos que llores más —besé su frente—. Tienes que entender que alg

