—Vamos a hacer historia —dijo Jorge, apretando el paso mientras caminaban por la acera rumbo a la administración de loterías. —O una locura —replicó Estefanía, llevándose las gafas de sol a la cabeza y echando un vistazo a su alrededor—. ¿Tú estás seguro de que esto no es un error del sistema? ¿Que no estamos soñando? —Si esto es un sueño, que no me despierten —bromeó él, con esa sonrisa suya de crío pillo—. Aunque claro... ahora que lo pienso... siempre podría coger el boleto y largarme con los 220 millones. Estefanía se detuvo en seco y lo miró con una ceja arqueada. —¿Perdona? —¡Es broma! —rió Jorge, levantando las manos en gesto de paz—. Es inútil, mujer, si el boleto está firmado por todos los del grupo. Está la captura en el chat, tenemos testigos, hay un rastro digital más larg

