LO QUE SE DA SIN QUE TE PIDAN Jandro y Pura se quedaron a solas en la terraza; supieron conservar la calma en el silencio y apuraron sus cervezas. Ciudad Sur se había vuelto una ciudad muda por un instante. El murmullo lejano del tráfico, el zumbido de algún insecto, la ropa colgada ondeando apenas en el alambre: todo parecía haber sido diseñado para no interrumpir lo que estaba naciendo entre ellos. Pura tenía las piernas cruzadas y miraba al suelo como si buscara palabras enterradas. Jandro, con el codo sobre la rodilla, la observaba de soslayo. Le parecía una mujer hermosa, acaso la que más. No sabía si era la curva suave de su cuello, o el modo en que se sujetaba el pelo con una pinza como si no le importara del todo, o aquella forma suya de hablar con claridad sin necesidad de levan

