SAM – ¿Aún no a aceptado? –le pregunté a la madre de Sarah, quien suspiró al otro lado de la linea telefónica. – Aún se resigna a trabajar para ti –dijo con la voz apagada– pero no me daré por vencida, mi hija estará a salvo –habló decidida. – Está bien, confío en que la convencerá –le dije decepcionado. Luego de cortar la llamada, solo me recosté en mi asiento giratorio, suspire profundamente y una vez más me enamoró aquella actitud tan independiente y defensiva. Joder ¿qué haré si le ocurre algo a esa chica que ya es una preciosa y fuerte mujer? No podría vivir con esa culpa. – Señor Whirlan –entró mi asistente– el señor Makavitt quiere hablar con usted –dijo con una sonrisa seductora. Ya me había cansado de que intente seducirme. – Hazlo pasar –le ordené acomodando mi escritorio, q

