No sé ni dónde meterme. Él no luce tan descolocado como yo y Elena es la más incómoda de los tres. Con una extraña parsimonia entra en la oficina y cierra la puerta mientras su marido se pone recto y se aleja un poco de mi. Ella camina grácil y elegante como es, toma una silla de las del frente de mi escritorio y se sienta cruzando una pierna sobre la otra. Todavía no encuentro las palabras. Y por otro lado, tampoco decido en mi mente quien de los tres debería hablar primero. Pero,¿qué podemos decir? —Pensé que habíamos quedado en que lo haríamos juntos —suelta ella. Los ojos de William se cierran mientras se pone en la silla frente a su esposa y yo sigo de pie, tiesa en el sitio. —Lo siento, no he podido resistirlo —él le responde y no sé qué decir. No entiendo nada —. Hoy será la pa

