El vestido cayó al suelo revelando su perfecta y hermosa figura, llevaba una lencería roja muy sexy. Se llevó la mano a su pelo y se quitó el lazo que caía perfectamente como la seda sobre sus hombros. Con la respiración contenida, me quedé quieto. Estaba más que ardiente y mucho más sexy que en mi propia fantasía y era toda mía. Gunnar se dirigió sin palabras a la puerta y la cerró. —¿Qué te parece? ¿Te gusta lo que ves? —preguntó seductoramente. Claro que sí, completamente estaba fascinado y hechizado por ella. La sola visión de su sencillez de cuerpo me puso a volar y a desearla un poco más. Estaba anhelante y sabía que Gunnar sentía lo mismo. —Eres extremadamente sexy. —exhalé y luego me acerqué para cerrar la distancia entre nosotros. La levanté y le besé los labios mientras el

