Desde el punto de vista de Yira
—O tal vez podría preguntarle a ella. —dijo Freya con un resoplido, y luego se apartó.
—¿Funciona? —preguntó Gunnar con curiosidad.
—Deja que lo intente. —Magnus respondió.
Se secó las lágrimas y respiró profundamente para luego exhalar.
Podía oír claramente sus pensamientos, iba a pedírmelo amablemente. Pero si no cediera a la toma de posesión y al cambio. Ella haría lo que nuestros amigos más odiarían. Eso pondría nuestras vidas en peligro.
—Oye, ¿puedes oírme? —preguntó en silencio.
—Alto y claro. —Le contesté.
—¿Puedes ayudarme a cambiarme para que nuestro Mate pueda ver qué tipo de piel tenemos? —Preguntó Freya.
—Claro, pero primero tienes que dejar que me haga cargo. —Le contesté
—Pero, ¿por qué? —preguntó seriamente.
—Porque es la única manera en que puedo ceder a lo que quieres. —He mentido.
—De acuerdo. —respondió ella.
Mi humano era un poco ingenuo, pero también tenía una voluntad muy fuerte para mantenernos a las dos.
Inmediatamente ella se apartó, yo tomé felizmente el relevo y me aseguré de empujarla a nuestro subconsciente y mantenerla en la oscuridad, sin saber lo que estaba pasando.
Tenía ganas de hablar con los gemelos y mis Mates y pasar un rato con ellos.
Por las habilidades y el poder que poseía, conocía su dolor y su pena pasados. Por eso quería consolarlos. Ambos me miraron con los ojos muy abiertos.
—Freya... tus ojos. —susurró Magnus en un suspiro.
—No Freya alfa, mi nombre es Yira. —respondí con calma.
Se miraron rápidamente uno al otro y luego de vuelta a mí.
—Yira, gracias por elegir hablar con nosotros. —dijo Magnus en voz baja.
Sonreí y luego di un paso adelante para cerrar el espacio entre nosotros.
—No tienes que agradecerme, Alfa, cuando era yo quien se moría por conocerlos a ambos. —susurré mientras ponía mi brazo alrededor de su cuello, lo sostenía sobre su hombro y lo sorprendía sin más.
—He esperado pacientemente este día. —dije y luego toqué suavemente su mejilla con mi mano libre.
Tenía una expresión de sorpresa en su hermoso rostro.
—Alfa... —dije suavemente, luego me puse de puntillas y apreté mis labios contra los suyos.
Se retiró rápidamente con el ceño fruncido, lo que me sorprendió.
Me quedé en silencio un segundo y luego sonreí.
—¿Intentas rechazarme ahora mismo? —pregunté incrédula.
Se quedó sin palabras mientras pasaban unos segundos.
—Así que me estás rechazando en serio. Para que sepas, Freya y yo no somos tan diferentes. —dije decepcionada.
Estaba a punto de dar un paso atrás cuando se inclinó y me besó los labios con ternura, lo que me sorprendió mucho.
Quería apartarlo y devolverle la terrible bienvenida que acababa de darme. Tristemente, cedí y le devolví el beso desesperadamente mientras un hermoso cosquilleo se extendía por todo mi cuerpo y Él se apartó y presionó suavemente su mano a ambos lados de mi cuello.
Mi corazón latía rápidamente y mi garganta se secó. Tuve exactamente la misma sensación que Freya sentía cada vez que nuestros Mates la besaban, vibraba.
—Lamentamos mucho la forma en que hemos reaccionado hace unos minutos. Es que nos ha tomado verdaderamente desprevenidos. —dijo en voz baja.
Era encantador y muy sexy.
Dejo que mis ojos se desvíen de su espesa y desordenada cabellera a sus hermosos labios con una sonrisa.
No quería bajar la mirada, lamentablemente no podía luchar contra ello.
Mis ojos se dirigieron a su increíble pecho y luego a sus abdoFreyales.
—¿Quieres que me desnude? —me preguntó, sacándome de mis pensamientos y entrando en un trance.
—No me importaría. —respondí con una sonrisa inocente.
Los gemelos se miraron con los ojos muy abiertos y luego me miraron a mí.
Actué bastante fuera de lugar. Sin embargo, ya deberían haber entendido que Freya y yo actuamos de forma diferente. Por supuesto, ambas queríamos a los gemelos y decidimos someternos a ellos, pero aparte de eso éramos un poco distintas. Yo quería entregarme toda ante ellos para que me criaran y me llenaran por completo. Mientras ella decidió cerrar las puertas a algo más íntimo para esperar el momento adecuado.
—A ti no te importaría. ¿Pero qué pasa con Freya? —preguntó Gunnar.
Suspiré suavemente, luego me acerqué al sofá y me senté.
—Ella está esperando el momento adecuado para aparearse con ustedes dos. —respondí con un tono de puchero.
Gunnar se movió y se sentó a mi lado con una cálida sonrisa.
—Entonces nos emparejaremos con las dos cuando ambas estén de acuerdo. —dijo y luego tomó mi mano entre las suyas—. Así que, no te enfades. —susurró.
Retiré mi mano de la suya, me levanté y me senté en su regazo.
—Abrázame... —exigí.
Dudó, pero me abrazó.
Freya tuvo todo el tiempo que necesitó con los dos. Pero yo siempre estaba atrás, observando, sin poder manifestarme a mi antojo. Por eso me sentí tan bien al tener a mis Mate a mi lado y solo para mí.
Magnus se movió también y se sentó a nuestro lado con un suave suspiro.
—Yira, ¿podemos preguntarte algo? —preguntó en voz baja.
Sabía lo que iba a preguntar antes de que pudiera hacerlo. Le sonreí y luego asentí.
—¿Entonces eres un...? —Se quedó callado.
—¿Un lobo dorado? —Terminé su frase por él.
—Sí. —respondió.
—¿Qué te parece? —Le pregunté mientras fruncía el ceño—. Lo soy. —respondí con sinceridad sin querer dejarlo más como un misterio.
—¿Sí? ¿Lo eres? —preguntó Gunnar con seriedad.
—¿Quieres que tome el veneno para probarlo? —pregunté.
—No, no queremos que te hagas daño. Si no te importa, puedes ponerte delante de nosotros y enseñárnoslo. —respondió Magnus muy convincente.
Me quedé en silencio durante un minuto. No entendía por qué no creían en mi palabra.
—¿Por qué no crees en mi palabra como tu pareja? —pregunté.
Gunnar se inclinó hacia delante y apoyó su cabeza en la mía.
—No te obligamos, Yira. Sólo queríamos ver tu piel por curiosidad. —Él respondió.
Me acerqué a su calor y cerré los ojos.
—Algún día te lo enseñaré, pero no ahora. —respondí suavemente.
Quería ver cuánto tiempo me creerían y me darían su confianza.
—Por supuesto, cuando gustes. —respondió Magnus en voz baja y miró a su hermano.