14 LORENZO No podía pensar en otra cosa que no sea Mia. No podía encontrar un motivo. Estaba loco por ella, pero sobre todo me sacaba de mis casillas su dualidad. Sabía que una parte de ella se encontraba bien aquí, pero alcanzaba poco y, de repente salía la otra Mia, esa desconfiada, asustada y escurridiza. No entendía lo que había sucedido exactamente en el almuerzo. Lo único que sabía es que estaba caliente como un animal, mientras estaba sentada en mis piernas y nos dábamos de comer. Había una sensualidad genuina en lo que hacía y decía. Sin embargo, parecía no darse cuenta de ello. Nunca había visto en sus ojos, maldad o provocación. Ni siquiera cuando gemía de placer con cada bocado. Ingenua e inexperta. Eso había pensado de ella, viendo cómo era desenvuelta durante la

