20

1560 Palabras

20 LORENZO Estaba loco. Sí, claro que sí, porque sólo un loco se habría obsesionado con una mujer al punto de perder la cabeza que siempre lo había distinguido. Mia… Ginebra… o cómo demonios se llamara… me había hecho perder la cabeza. Sólo ella podía destruir mi autocontrol y hacerme decir o hacer cosas que no hubiera hecho en otra situación. Sólo sentir su mirada hacía que se abriera el candado de la jaula de mis instintos más primitivos. Alcanzaba con que nuestros cuerpos se tocaran, aunque sea por un instante, para sentirme preso de un deseo incontrolable, profundo e imparable que me inquietaba y frustraba. La quería. La deseaba locamente, pero siempre había algo que me detenía. Una cadena que me ataba a las enseñanzas de mi familia, que me había hecho sospechar y desconfiar

Lectura gratis para nuevos usuarios
Escanee para descargar la aplicación
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Autor
  • chap_listÍndice
  • likeAÑADIR