22 GINEBRA Pasaron tres semanas. Pasé el período más hermoso de mi vida. Lorenzo me amaba y yo me sentía la persona más feliz y afortunada del mundo. Cada vez que me besaba, me acariciaba o hacíamos el amor, era como si pudiera tocar el paraíso con las manos. El placer que me daba cada vez, era increíble. Era como si mi cuerpo se hubiera amoldado a él, para tener y darle más placer. Estábamos totalmente en simbiosis y, a estas alturas, habíamos entendido perfectamente cómo reconocer al otro, sus estados de ánimo, su excitación, lo que le gustaba… Nunca creí que pudiera tener una sintonía tan profunda con un hombre, sobre todo por mi falta de experiencia, pero era como si el destino hubiera querido esto para nosotros, para obligarnos a estar juntos y alcanzar niveles de compatibil

