SAM Mis ojos apenas estaban abiertos de lo inflamados que estaban por recibir golpe tras golpe, solo disfrute la dulce agonia de al fin terminar haciendo algo bueno con mi vida, deshacerme de la molestia que era para todos. — Hasta parece que lo disfrutas —lo oí burlarse. Ya no sentía la cara como para sonreír, el dolor se convirtió en anestesia, solo esperaba el final y al parecer eso le molestó— ¿No dirás nada? —pregunto colocando una navaja en mi cuello. Solo podía respirar y hasta eso comenzó a molestar, me hizo suponer que varias de mis costillas estaban muy mal pero no estaba en mis planes quejarme ,a fin de cuestas es lo que me merecía por las cosas malas que hice a lo largo de mi vida. — Que aburrido —oí a otro entrar. — ¿Lo hiciste? —le preguntó Augusto ansioso. — La perra se

