''Solo basta un segundo para que toda mi vida gire en torno a ti. ''
A media noche me desperté sudando, me dolía todo el cuerpo y sentía una zona de mi cara un poco hinchada. Mis padres me habían insistido para ir a la clínica pero me negué, no quería tener que explicar lo que había pasado pero el dolor ya era insoportable.
Quería levantarme de la cama pero al intentarlo mi costado derecho me dio con fuerza, sometiéndome y sentí como perdía oxígeno, una presión ocupaba todo mi cuerpo. Intente levantarme de nuevo pero esta vez no pude moverme mucho, creo que después de todo si necesitaba ir al médico. Me habían golpeado brutalmente, por poco me matan esas chicas, recuerdo como el oxígeno abandonaba mis pulmones después de cada patada, debía tener hematomas y algo roto.
Cerré mis ojos tratando de serenarme y cuando los abro respire con calma, debía tratar de organizarme porque así no podía gritar, me levante con cuidado sosteniendo con suavidad mi costado derecho y sin pantuflas caminé hacia la habitación de mis padres paso a paso, quejándome del dolor insoportable que mágicamente aumentaba al caminar.
Llego a la puerta y la toco muy lentamente.
—Mamá...—susurro y la puerta se abre mostrando la cara adormilada de mi papá quien se veía confundido.
— ¿Qué ocurre, hija?—quise hablar pero el dolor hizo que me doblara y no pudiera hablar, respire profundo para reincorporarme y hacerle una seña para que viera donde estaba mi mano, él llevó su mirada allí y siendo el padre sobre-protector que es, me cargo de inmediato y me llevo a su cama despertando a mi mamá en el proceso.
— ¿Qué está pasando?—preguntó abriendo los ojos para encontrarse conmigo— ¿Qué tienes mi amor?—yo seguía sosteniendo mi lado afectado y ella llevó su vista allí, me quitó la mano y alzó mi camisa para ver la gran mancha morada y roja con asombro.
—Tienes un hematoma, eso está morado Max, mira su ojo y su pómulo por Dios—dijo asustada.
—Ve a cambiarte, debemos ir a la clínica—ella se levantó corriendo entrando al armario, el dolor volvió a aparecer y me retorcí en la cama, me dolía mucho. Vi a mi papá listo para llevarme cargada hacia el auto.
—Date prisa Fer, debemos llevarla rápido—solo podía pensar en el dolor y en que este no me dejaba respirar.
Mi mamá bajó minutos después, se subió al auto y mi querido padre arrancó, a mí se me olvidó mi celular y ni como avisarle a Benjamín que estoy de camino a la clínica.
— ¿Cómo te sientes? ¿Puedes hablar?—hice una mueca y negué. La fuerza con la que me dolía me impedía respirar y eso sumando el dolor de todo mi cuerpo, la hinchazón en mi cara y el ardor propio de las de heridas.
Minutos después llegamos y mi papá me volvió a cargar para caminar dentro de la clínica, mi mamá se acercó a recepción y rápido trajeron una silla de ruedas donde mi papá me sentó, nos pidieron esperar mientras llenaban un formulario con los datos.
Yo me encorve al sentir el dolor muy fuerte otra vez y contuve la respiración, ahí podíamos ver lo que la terquedad le hacía a las personas, para luego comenzar a decir el típico ''si hubiese'' cuando sabíamos que no lo hubiésemos hecho como se supone.
Mi mamá le entrega la planilla y ella se ocupa en la computadora, el dolor seguía ahí latente, a veces se convertía en algo latente para luego volverse perenne. La chica habla con mi mamá y le entrega un papel. Ella volteó hacia nosotros y mi papá se levantó.
— ¿Qué te dijo?—preguntó angustiado.
—Que antes de pasarla con la doctora se le debe hacer una radiografía—yo la miré mientras ella le explicaba a mi papá —hay que esperar unos minutos mientras sale la persona que está adentro—ambos asentimos y él se sentó.
La vi tomar su celular y estoy segura que mandara un mensaje por el grupo ese que tienen, ojala Claudia le diga a Benjamín. Luego de diez minutos un chico sale con una radiografía en su mano.
—Nos toca—ella se levanta y lleva la silla donde estoy sentada—estoy segura que no es nada grave, no te preocupes—asentí pero yo igual estaba muy asustada, siempre le he tenido pavor a los diagnósticos médicos y esta no era la excepción. Entramos y la doctora me mandó a quitarme la ropa, hice una mueca pero aun así le obedecí, quedando solo en ropa interior y comenzó a hacerme la radiografía.
—Muy bien, ya puedes vestirte. Espera a que el doctor te llame, yo le haré llegar la radiografía—dijo y me comencé a vestirme para salir de ese lugar. Con mi mamá salimos y al llegar a la sala de espera vi a Erick, Charlotte, Melisa y Benjamín. Sonreí y mi mamá me llevó hasta ellos.
—Yo avisé por el grupo para que les dijeran pero ninguno estaba en su casa, habían salido juntos—Fabiana frunció el ceño pero no quiso preguntar porque el dolor se hacía cada vez más fuerte.
— ¿Por qué rayos no nos avisaste?—preguntó Charlotte y ella reunió mucha fuerza para no llorar del dolor mientras hablaba.
— ¿Y cómo querías que lo hiciera? Regrese a mi casa esta noche golpeada, me dormí y cuando me levanté todo me dolía y ahora parece que tengo una costilla rota, no podía ni levantarme del dolor Charlotte—dije y ella me quedó mirando, ninguno dijo nada más porque tenían las de perder. Aquí, aunque no quisiera, la víctima era yo, no ninguno de ellos que quien sabe dónde estarían a esta hora.
Aunque sospechaba las razones de esa juntilla, no se podía esperar menos de tres mentes tan malvadas. Los miré a los tres y negué, seguro Benjamín fue a contarles. Bufé y vi a Benjamín acercarse y tomarme la mano. No dijo nada y lo agradecí, no podía seguir hablando, me dolía demasiado y respirar me costaba un poco.
—Fabiana Davis—llamó una enfermera y mi mamá tomó la silla y me llevó hasta el consultorio, entramos y ella me ubicó al lado de la silla donde se sentó ella.
—Bien, por lo que veo en la radiografía tienes una contusión en la costilla o en otros términos la costilla magullada a causa del golpe que tuviste—explicó—por lo que veo también presentas hematomas e hinchazón, incluyendo un raspón en el pómulo izquierdo—decía mientras anotaba. Se levantó y se puso delante de mi comenzando a hacer una revisión de mis sentidos, coloco el estetoscopio en mi pecho y me pidió respirar lo que me costó un poco, lo mismo hizo en mi espalda para luego regresar a su silla.
Anotó otras cosas en su libreta y nos miró entrelazando sus manos frente a él.
—Como dije antes, presenta contusión en la costilla, hematomas, hinchazón y heridas leves—ambas asintieron—va a presentar dolor intenso, al respirar y en torno a la fractura. Para eso debe tomar analgésicos, limitar sus actividades pero no quedarse acostada todo el día, poner hielo durante veinte minutos y hacer ejercicios de respiración para que vaya empezando a respirar sin dolor.
— ¿No puede ir a clase?—preguntó mi mamá.
—No, debe tener de cuatro a seis semanas de reposo para que pueda sanar de forma rápida, si asiste a clase será mucho más difícil recuperarse—yo sonreía en mi interior para no demostrar frente a mi mamá cuanto me alegraba no tener que ir a clase— ¿podrían explicarme como sucedió esto? Es para el reporte—mi mamá asintió y comenzó a contarle todo lo que paso mientras el doctor anotada cada detalle.—Bien, si quieres pueden colocarte un analgésico vía intravenoso para que el dolor se te pase un poco y puedas caminar—asentí y él nos guió fuera del consultorio para llevarnos a asistencia rápida.
Me ayudaron a subirme a una camilla en donde me acostaron e hicieron todo el procedimiento para pasarme el tratamiento. Luego de una hora más o menos estaba dormitando y una enfermera entró para quitarme la vía. Me levanté sin ayuda y camine hacia la sala de espera para irnos.
— ¿Cómo te sientes?—preguntaron los tres al mismo tiempo y yo los miré raro.
—Un poco mejor pero ya quiero irme ¿y mis papás?—no los veía por ningún lado y eso era extraño.
—Les dijimos, luego de que se asomaran a ver que estabas bien, que nosotros te llevábamos para que pudieran descansar un poco—asentí y salimos de la clínica. Benjamín me tomo la mano para llevársela a los labios y dejar un pequeño beso en el dorso.
Llegamos al auto y yo me senté en la parte de atrás con las chicas quienes me abrazaron haciéndome sonreír.
—Nos asustamos mucho—dijo Melisa.
—Demasiado—vi que ambas tenían las manos pintadas de amarillo y fruncí el ceño, preferí no decir nada todavía.
***
Me dejaron en mi casa y Benjamín me llevó hasta mi habitación para luego darme un beso en la frente y sin decir nada irse, seguramente no vendría esta noche, esos cuatro andan en algo extraño.
Después de que Benjamín se fuera, mi papá me trajo algo de comer y mi madre entro minutos después de que el saliera y me ayudo a ponerme la pijama para luego acompañarme en la cama mientras acariciaba mi cabello para quedar profundamente dormida minutos después.
***
Cuando desperté en la mañana me sentía horrible, era como si un tractor me hubiese pasado por encima repetidas veces, pero como pude me pare y me introduje en el baño mientras me desvestía veía los moretones en mi piel, los raspones en las rodillas y las heridas de mi hermoso rostro.
Aun no me dolía la costilla pero pronto se pasaría el efecto del analgésico y tendría que tomarme el otro.
Me introduje en la regadera para por fin bañarme, creo que fue unas de las peores ideas ya que dolía mucho, ardía a montones pero peor fue cuando comencé a pasarme el jabón, fue definitivamente horrible ese baño, nunca pensé que iba a doler tanto.
Salí rápidamente con una toalla alrededor de mi cuerpo, fui directo a mi armario a ver que me iba a poner, no tenía ánimos de buscar tanto así que me puse un short de tela suave con una camisa gigantesca que obligué a mi papá a comprarme de color azul eléctrico con unas pantuflas de pandas.
Y en eso tocaron la puerta.
— ¿Quién?—Pregunté.
—Yo Fabs —Reconocería esa voz a distancia.
—No conozco a yo —Y soltó una carcajada, efectivamente era él.
—Bueno, bueno soy tu hermoso novio—Y fue mi turno de reír.
— ¿Novio?—Pregunte con voz burlona—No recuerdo tener novio, creo que perdí la memoria. —dije mientras abría la puerta.
—Así que perdiste la memoria—Asentí haciendo puchero.
Coloco sus brazos en mi cintura con delicadeza y me acerco a él quedando extremadamente cerca, nuestras narices se rozaban y su aliento penetraba en mi interior, entonces sin postergarlo tanto junte mis labios con los suyos en un beso delicado y suave pero a la vez intenso.
Se apartó para poder respirar, juntamos nuestras frentes y nos quedamos así un largo tiempo mirándonos intensamente, como que si quisiera permanecer así para siempre y me iba a besar otra vez cuando un grito nos espantó separándonos de golpe.
— ¡Dejen la puerta abierta si no quieren que este como un vigilante allá arriba!—grito mi padre.
Todo menos eso por favor, pero cuando no el señor Maximiliano.
Pasamos y él se sentó en mi cama, mirándome detalladamente ¿así de mal me veía?
— ¿Que?— pregunté
—Nada, es que aun estando golpeada te ves hermosa y tu mamá me dijo que te recordara que debes tomarte el analgésico en media hora—me sonroje por el tonto comentario que hizo, aunque me encanto.
Se dio cuenta de mi sonrojo, se levantó y se paró en frente de mí estando muy cerca.
—Me encanta cuando te sonrojas—lo dijo en un susurro y por lo cerca que estaba de mi rostro me estremecí al sentir su aliento en mi piel y me volví a sonrojar. Se acercó más dejando un corto beso en mis labios.
Pasamos un hermoso día hablando, riéndome de sus chistes tontos, y jugando juegos de mesas. Además con ayuda de mi madre me preparo un bello almuerzo en el jardín de la casa, también me traía la medicina y me coloco las pomadas y el hielo por esos eternos veinte minutos.
Llegó la noche y no quería que se fuera y él no quería irse pero tenía que irse pues eran las nueve de la noche, era demasiado tarde para irse por esa carretera, lo bueno es que tampoco vivimos tan lejos.
Nos quedamos viendo un rato la luna, no nos queríamos despedir pero otra vez el señor Max nos volvió a interrumpir.
—Ya despídanse que debe irse o su mamá me va a matar— dijo mi padre con el ceño extremadamente fruncido y los brazos cruzados.
—Adiós Ben, gracias por cuidarme hoy, me la pase genial contigo como enfermero—sonreí.
—Adiós mi amor, fue un placer, por ti me convertiría en payaso si es necesario.
No pude evitar sonrojarme nuevamente, le di un beso en la mejilla y se fue.
Gracias a él no pensé en todo lo que había hecho Maddie.
¡Rayos! lo estoy haciendo ahora.
Pero en algún momento tengo que enfrentarla.
¿Cuando? No sé, lo que si se es que lo voy a hacer.