KAIA Comenzaré diciendo que me enamoré de un imbécil. Sí, de un idiota que se creía la última cocacola en el desierto y…¿Por qué rayos habría una cocacola en el desierto?. Bueno, daba lo mismo, lo importante aquí no eran mis divagaciones, sino el hecho de estar jodidamente perdida por un tipo que pensaba con el pene y no con la cabeza. Me costaba creer que yo, justo yo, había caído por un descerebrado riquillo al que mi familia detestaba, pero que para consolidar la paz entre muestra familias era necesario desposar. Y no, bueno, no me caía en gracia la decisión de casarme con ese idiota, pero tenía buen atractivo físico y me fue imposible no enamorarme a la segunda, cuando lo vi de lejos entrando a una empresa llamada "Black Empire". Nuestro primer encuentro ya era algo más extraño

