Es un poco extraño como las gotas de lluvia, siendo tan pequeñas y… viajando a una distancia de cientos de kilómetros, llegan con una fuerza casi increíble a la tierra y pueden hacer que un día de sequía acabe. Estaba recostada en mi cama viendo la lluvia caer a través de la ventana cerrada, y solo podía ver las gotas deslizarse por el vidrio, cuando una melodiosa voz me sacó de mi trance, donde solo podía pensar en ella… y con cierto dejé de culpa… en él. —Mamá —me llamó mi pequeño Derek, corriendo del pasillo a la cama con sus juguetes favoritos en sus manos. Lo recibí con mis brazos abiertos y lo arropé con la frazada. Mi suegra dejó la sombrilla en la entrada, se quitó su capa y la colgó en el perchero, viendo con tristeza hacia la cocina. —A ella le gustaba mucho cocinar —So

