LXIII. Solo suya

904 Palabras

Dicen que las palabras son ilimitadas y que la lengua es el órgano más potente que hay, pero justo ahora yo no tenía nada que decir, ni una sola palabra que emitir porque, aunque no quisiera aceptarlo, si le decía algo más que no fuera "adiós" no habría forma de salir de aquel bucle. Necesitaba alejarme y… ¡¿Por qué rayos estaba pegada a la puerta?! ¡Necesitaba alejarme, o…! Me quedo quieta cual lagartija ante un prominente peligro al escuchar como unos fuertes pasos al otro lado de la puerta se acercan cada vez más, pero me quedo totalmente petrificada al sentir el jalón de la puerta de madera y sentir como mis piernas, que se han vuelto gelatina, me traicionan y pierden el equilibrio, al igual que yo la razón, al ser sostenida por unos brazos fuertes y musculosos antes de caer de

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