Mi primera opción luego de salir de aquel hospital, una vez tuve mi ropa puesta, fue ir a casa y esperar a que Ale me dijera todo, y por primera sentir que no vivía una mentira. Pero, después de unos segundos de meditarlo en la parada de autobuses, decidí que lo mejor sería ir a un lugar dónde me sintiera un poco más segura. El lugar que había sido mi único refugio personal, mi sitio secreto después de casarme, donde, por puro masoquismo iba a meditar cada vez que estaba al borde de un colapso nervioso, o me sentía cansada y abrumada por algún caso difícil de resolver. Digamos que no podía culpar de todo a Ale si de ocultar cosas que o decir mentiras se trataba… Yo también lo había hecho. Por años me culpé, por años me obligué a odiarlo mientras estaba ahí, pero era imposible si todo

