—¿El acusado está de acuerdo con conciliar?. Miré a mi cliente, un anciano de cabello blanco, piel morena y mirada gastada, que solo negaba sin poder levantar la mirada. —No, mi cliente ha decidido seguir con el proceso judicial, señoría —me levanté, respiré hondo para tomar la seguridad que me representaba y sin ánimo le dirigí una mala mirada a Preston —. Nos negamos a aceptar los cargos que la fiscalía impone, simplemente por ser exagerados y tratar de impugnar la participación del verdadero agresor ante el jurado. —¿La fiscalía tiene algo que argumentar?. Preston carraspeó, arregló, como siempre, su horrible corbata de rombos y se puso de pie justo a mi lado, susurrando un “Te vas a arrepentir por esto” cosa que ignoré y que a la vez casi me hace reír. —La fiscalía tiene prue

