Después de aquel “problema” con los Silos, me di cuenta que no había logrado el respeto que me hubiera gustado, al menos no en las zonas pobladas, cada vez que me veían me perseguían por todos lados, yo no me iba a quedar para averiguar que querían, así que volaba lo más rápido posible al bosque, ese era mi territorio, no se animaban a poner un pie dentro, me deba vuelta y les hacía señas con mis manos, cerraba mis puños y los giraba cerca de mis ojos indicando de que iban a llorar y tenían miedo, luego estallaba en risas y me iba por el sendero dando saltitos de superioridad, nadie se animaba a entrar.
En una de esas escapadas ya había empezado a aburrirme que sean así de cobardes y lentos, así que decidí salir de nuevo al bosque fuera del reino, desde aquella vez no me había vuelto a animar a ir muy lejos, salía pero hacia trayectos cortos, así que esa vez iba a hacer mi trayecto largo de antes.
Me pareció la mejor opción ir volando, pero escondiéndome entre los árboles, no quería que me tomaran desprevenida como la última vez y volver a pasar vergüenza. Siento una voz en un claro y decido ir a investigar, me paro sobre una de las ramas y al ver abajo veo al mismo niño de aquella vez, solo que ahora no era tan niño, estaba mucho más alto, sus facciones eran un poco más duras, se notaba que había crecido. Lo escuché hablar, pero no vi a nadie alrededor, me quedé observando por si alguien aparecía, pero después de un rato el chico volvió a hablar, parecía que se estaba quejando por algo, tenía sobre unas hojas unos frutos y otras plantas, parecía estar elaborando algo y que no funcionaba. Bajé unas ramas más para poder ver con claridad, me moví hacia adelante para ver hacia abajo, pero una de mis alas se atoró entre unas ramas, si cinchaba para zafarme iba a hacer mucho ruido, así que traté de sacarla suavemente, pero las ramas estaban secas y hacían ruido, el chico estaba concentrado y no se daba cuenta, que muchacho tonto pensaba, si alguien lo quiere a****r no está alerta. Decidí pegar el cinchón de una vez y quedarme bien quieta y capaz lograba solo que mirara hacia arriba y al no verme seguiría con lo suyo, conté hasta tres y cinche con fuerza, pero creo que me pasé, ya que salí disparada hacia abajo y me fui golpeando con cada rama que había en el camino, no podía sostenerme de ninguna y mis alas no querían funcionar ya que cada vez que golpeaba una rama inmediatamente golpeaba otra, hasta que sentí el suelo firme, abrí los ojos - ¡Estoy viva! – Grité de alegría ya que con cada golpe creí que moriría, pero me arrepentí de mi entusiasmo cuando traté de levantarme y vi mi pierna con sangre, me alarmé enseguida y al levantar la mirada me encontré con unos ojos azules llenos de curiosidad y diría que aterrados, pero no creo que fuera más que los míos al darme cuenta, quedé paralizada, hasta creo que dejé de respirar, solo sentía el sonido de mi corazón bombear con fuerza, salí del transe en cuanto escuché su voz.
- Tranquila, tienes una herida muy fea en la pierna, déjame ayudarte. – Su vos me llevó a otro transe diferente, me quedé mirando sus ojos y como caminaba hacia mi, no tenía ninguna pizca de miedo y estaba muy decidido, se puso de rodillas delante de mi y su mano sobre mi herida sin tocarme, una luz blanca salió de su mano y llegó a mi herida, sentí un calor fuerte en la zona pero no llegaba a quemarme, era agradable. Luego de unos minutos la luz se desvaneció. – Ya está, tu pierna está como nueva. – El chico se pone de pie y me estira su mano para ayudarme a levantar, dudé por unos momentos, pero decidí aceptarla, si me había curado significa que no me iba a hacer daño.
- Mi nombre es Erick, Erick Monzón ¿tu cómo te llamas? – Su linda sonrisa hizo que de mi boca no salieran palabras, su expresión fue de confusión y dio un paso para quedar más cerca de mí. - ¿Estás bien? ¿Quieres que revise si te lastimaste la cabeza? Me preocupa que no hables.
- Estoy bien – Dije dando un paso atrás ya que su cercanía me había puesto nerviosa, ¡cálmate Zuni! Es solo un chico más, de seguro debe ser un chico tonto como los Silos que te persiguen todos los días, me dije a mi misma tratando de mantener la calma y estabilizar mi estúpido corazón que por alguna extraña razón se estaba comportando extraño. – Mi nombre es Zuni, Zuni Dykens – Dije más calmada y con la vista hacia otro lado, pero en la dirección que miré vi las cosas que estaba haciendo. - ¿Qué es eso? – Pregunté curiosa y caminando hacia ese lugar, podía estar muerta de nervios y vergüenza, pero mi curiosidad era mucho más fuerte y podía contra lo que fuera.
- Emm yo, eso, es algo que estoy tratando de hacer, pero no me ha salido. – Dijo nervioso con una mano sobre su cuello. – Estoy aprendiendo a hacer pociones de sanación para las picaduras de insectos, pero por alguna extraña razón no me salen, mi magia aun no es tan potente. – Dijo bajando el tono de su voz al finalizar la frase, se notaba que estaba apenado.
- ¿Intentaste hacerla en la noche? Mi magia es más fuerte por las noches. – Dije curiosa por saber si ya había intentado todo, pero sus ojos se volvieron más grandes y una gran sonrisa apareció de la nada, eso me hizo quedar dura en mi lugar.
- ¡Eso es! No lo había intentado, tienes razón en la noche la magia es más potente y de seguro va a funcionar, ¡Gracias Zuni! – Dijo dando saltitos en su lugar emocionado, de pronto dió pasos rápidos hacia mi muy entusiasmado, su emoción era tal que conocí su intención, ¿me iba a abrazar? ¡eso si que no!, chico raro aléjate de mí. – Debo irme. – Salió de mi boca casi en un grito y corrí hacia el otro lado alzando vuelo de inmediato para que no llegara a mí, quería estar lo más lejos posible en ese momento.
- ¡Espera! – Gritó igual que aquella vez y no tuve el valor de irme y dejarlo solo como aquel día, esta vez si voltee a verlo y escuchar que diría.
- ¿Nos volveremos a ver? - Dijo mirando el suelo con nerviosismo – Para contarte si funcionó esto de la poción. – Dijo rápido para dar una excusa.
- Tal vez – Dije con una sonrisa y pude notar como su nerviosismo cambió por felicidad y embozó una gran sonrisa. Que niño raro puedo notar todas sus emociones en su rostro. Luego de decir eso y que su bella sonrisa me siguiera causando cosas raras me fui tan rápido como pude.
Esta vez llegué a casa sonriendo, caminando sin ningún apuro, abrí la puerta y vi a mi madre cocinando, tenía sobre la mesada unas galletas recién horneadas, me acerqué y tomé una, antes de darle una mordida mi madre habla.
- Alto ahí jovencita! ¿por qué estás tan tranquila? ¿Por qué no estas corriendo de un lado a otro? Espera ¿Qué hiciste esta vez Zuni? – No pude evitar reír ante el comentario de esta mujer, si que me conocía, pero esta vez no había hecho nada malo, bueno nada malo para mi, como todo lo que hago claro.