Capítulo 3

1308 Palabras
— ¿Segura que estas bien? — Pregunto Sam desde la puerta —, prefiero renunciar a dejar que vayas dejarte ir sola... así de mal. Intento decirle que estoy bien, pero otra arcada me hace doblarme frente al retrete y devolver todo mi desayuno. Desde que decidí que iría por mis cuadros personalmente, todo ha salido mal. ¿Eso no te parece una señal del universo? ¿Qué?, pero si tú me animaste a ir. Ah, es cierto. No importa las señales del universo, esos cuadros los recupero sí o sí. No importa que el coche se estropeara o que este con un horrible virus estomacal. En tres horas me subiré a un avión que me llevara a Florida o moriré en el intento. Drama Queen Ok, no moriría, pero no perdería ese vuelo por nada del mundo, con lo costoso que había sido no tenía opción. Llegaría a medio día a Tampa y tomaría un autobús a la costa, recuperaría mis cuadros y volvería en autobús a Texas, más de 15 hermosas horas para recordarme no dejar mis cosas en casa ajenas. — ¿Estás segura? — Volvió a preguntar mi amiga —, aun podemos ir en mi coche. Al fin tendríamos ese viaje en carretera que siempre quisimos. — No haré que pierdas tu empleo por esto. Ya haces demasiado cubriendo mis turnos para que yo no pierda el mío — le lanzo un beso antes de recoger mis cosas para irme —, nos vemos el lunes. Ahora mismo estar separada de ella por tres días me sonaba una eternidad. Solo esperaba no derrumbarme sin su apoyo. El vuelo se me hizo eterno. Las náuseas no me daban tranquila más de 10 minutos, pero agradecí que solo fuera eso y no terminara vomitando todo el avión. Como prometí le envié un mensaje a Sam en cuanto me subí al autobús en Tampa. Y también, como me prometí a mí misma, le envié un mensaje a Margaret avisando de mi llegada, pero no las razones de mi viaje. No estaba para dar sorpresas, y conociéndola de seguro ni estaba en casa. Solo quería asegurarme que habría alguien para entregarme lo que era mío. "Acabo de llegar a Tampa, voy camino a St. Pete, tenemos que hablar" Para mi sorpresa respondió de inmediato, pero con una dirección que no me agrado del todo. La reconocía demasiado bien, la había leído tantas veces en la invitación de la exposición que ya me la sabía de memoria. Me enfadaba que me citará ahí, aunque fuera comprensible. La exposición estaba a unos días de comenzar, debía estar afinando todos los detalles. Y si el karma existía ella no habría encontrado otra asistente. Sin contar que ella no era estúpida, si me conocía solo un poco, sabía a lo que iba, y ahora mismo mis cuadros deben encontrarse en ese lugar. El autobús llegó a mi parada, y como habíamos acordado, él estaba esperándome. Le había prometido que llamaría, pero sinceramente, no creí que lo haría. Aun así, ahí estaba Thomas, como el buen amigo que era. No solo me haría de taxi, también dejaría que me quedara en su apartamento los días que estría en la costa. — ¿Cómo lo haces? — Pregunta antes de besar mi rostro juguetonamente —, cada vez que te veo, estas más hermosa. — No mientas —le doy un codazo en las costillas —, he tenido un viaje de mierda, y estoy enferma. — Pues eres una moribunda guapa — me da un último beso antes de tomar mi mochila. No planeo quedarme mucho y es todo lo que traigo. — Entonces — tantea cuando nos subimos a su coche —, no diste muchos detalles, pero supongo que tu visita tiene mucho que ver con tu nombre en la subasta de Margaret. — Algo así — me quejo. — No sabía que habías pintado para ella. — No lo hice, por eso estoy acá — le explico lo que paso con los cuadros, sin revelarle mi verdadera relación con Margaret, ni mucho menos lo que he pintado — ¿Me puedes llevar donde será la exposición? Ella me está esperando allá para hablar. — Claro. Conduce tranquilo por las calles. Vamos en silencio, inmersos en nuestros pensamientos, escuchando una romántica canción en la radio, que ninguno conoce, y que de seguro no volveremos a escuchar, porque es malísima. Entre los edificios puedo distinguir pequeños atisbos del mar, llenándome de nostalgia y recuerdos, ya no solo de mi padre. Llegamos a un sector de la ciudad que nunca había visitado, en realidad nunca había visitado un lugar como este. Por lo que indicaba la invitación, la exposición se realizaría en varios salones de un exclusivo club de campo de St. Pete. — ¿Puede algo se más engreído que un club de campo? — le comento a Thomas al llegar a la entrada. — Lo dudo — responde riendo. Llegamos a la entrada donde un guardia se apresura a ver quién quiere ingresar. Estoy a punto de marcarle a Margaret cuando el hombre reconoce a Thomas. — Señor Goldman, no lo esperábamos hoy, ¿Necesita que llamemos a su asistente, o viene a disfrutar del día? — Acompañare a mi amiga a la zona de exposición, luego veremos... Gracias Jerry — se despide conduciendo el coche con toda la seguridad por el lugar. Se lo conoce como la palma de su mano. — Por favor dime que no trabas aquí — suplico avergonzada. Prácticamente insulte el lugar. Y con lo lindo que ha sido Thomas conmigo es aún peor. — Mmmm, digamos que mi familia es dueña del lugar más engreído del planeta — dice. Por suerte no parece ofendido, en realidad se ríe, o más bien se burla de mí, y de mi expresión de trágame tierra. — Lo siento — intento disculparme. — No pasa nada, en realidad no es un mal trabajo... — No me refiero a eso... sino a lo que dije. — ¿Qué? ¿Lo de "es un lugar demasiado engreído, con gente muchas veces con aires de grandeza, con más dinero en sus bolsillos que modales y sentido común, y con tanto tiempo libre que podrían pasar todo el día en este club mirándose el ombligo mientras los empleados hacen todo por él"? ¿Por eso te disculpas? — Yo no dije todo eso... pero sí. — Lia... nunca te disculpes por decir la verdad — estaciona y mira —, eso no significa que mi familia sea igual. Mi abuelo siempre decía "no hay nada más simple que hacerse rico a costa de los ricos" — Necesito que me enseñes el truco para volverme rica. — Cásate conmigo y listo. — No parece un mal plan. Nos sonreímos, pero luego volvemos a guardar silencio, y esta vez sí es incómodo. Ha llegado el momento que baje del coche y enfrente a mi madre. Todo el valor que reuní en Texas se ha esfumado, no sé si seré capaz de enfrentarme a ella, al menos sin llorar. — ¿Quieres que te acompañe? Si — No, estoy bien. — Ok. Aprovechare que estoy acá para asegurarme que todo esté bien — sale del coche junto a mí, y me indica por donde encontrare a Margaret —. Llámame cuando estés lista para irte, o si necesitas ayuda con algo. Entro a uno de los salones que supongo que será la recepción de la exposición. Puedo ver algunos cuadros con sus identificaciones. Las obras se ven impresionantes, no sé qué hacen mis feos cuadros en un lugar como este. Pero no alcanzo a ver nada más, ya no estoy sola en el salón. — Corderito. *** Espero que estés disfrutando de esta historia No olvides comentar y dejar tu voto ❤❤❤
Lectura gratis para nuevos usuarios
Escanee para descargar la aplicación
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Autor
  • chap_listÍndice
  • likeAÑADIR