Creí que podría escuchar todos los detalles de la historia e irme con mis cuadros sin mirar atrás, pero no fue así.
Mi mente necesitaba un descanso para procesar todo lo que Maggie había dicho y prepararme para lo demás.
No existe tiempo suficiente para prepararse... esto es mucho hasta para mí.
Dejé a Maggie sola en la sala de exposición, no sé cómo tuve la fuerza para tomar los cuadros de la esquina y llevármelos antes de salir en busca de Thomas.
Por suerte él ya estaba esperándome recostado sobre su auto y en cuanto me vio, sonrió y me ayudo a meter los cuadros en la parte trasera del coche.
Supe que Thomas era un buen amigo cuando no pregunto nada, a pesar de ver llorando como un idiota.
— ¿Quieres comer algo?, el restorán del club tiene un excelente chef y un bufet de postres impresionante.
— ¿No vas a preguntar por los cuadros de Lucas que has metido en el maletero?
— No, solo diere que yo habría sido un mejor modelo — Me rio con ganas, como hace mucho no lo hacía.
Ese era el efecto que tenía Thomas. Y si, él tenía razón, todo sería mejor si hubiese sido él quien fuera retratado en mi lienzo. Ojalá se pudiera elegir de quien enamorarse, de quien sentir esa atracción que te consume hasta perderte en ti misma.
— La verdad es que tengo el estómago hecho un lio... no quiero comer nada.
— ¿Segura? El chef te cocina lo quieras, o puedo hacerlo yo en casa...
— Segura.
— ¿Desayunaste?
— No tengo hambre... en serio — me rio de su insistencia.
Me mira incomodo, como si quisiera insistir, pero no se atreve y enciende el coche.
— ¿Que? —pregunto. Se me hace raro su titubeo.
— No te enfades, pero Lucas me mandó un mensaje
— Es tu amigo, puedes hablar cuando quieras con él.
— Digamos que hablamos de ti — admitió apenado.
— mmm... ya no quiero saber — dije haciéndolo reír.
— Tranquila no volvió a llorar sobre tu nombre. Solo me pidió que no dejara que te saltaras la comida.
— Tiene una obsesión con hacerme comer.
— Tiene una obsesión con cuidarte — corrige mis palabras —, así que no me hagas ser una mal amigo y no cumplir mi promesa de alimentarte.
— Esta bien — claudico —, pero en verdad quiero algo muy liviano... Llevo varios días con el estómago mal.
— ¿Seré tío? — Dice medio en broma —, ¿lo seré? — pregunta preocupada, al ver que no respondo y me pongo seria.
— No — me apresuro a responder —, absolutamente no.
Él se relaja y me lleva a su apartamento para prepararme algo ligero. En el trayecto pienso en lo que me hace estar tan seria ante esa pregunta.
Estaba segura de que no estaba embarazada. Una de las primeras cosas que hice en cuanto salí de la ciudad fue, hace semanas, fue buscas una farmacia y conseguir una pastilla de emergencia.
La tome como la farmacéutica me indico, y todo fue bien por unos kilómetros, hasta que comenzó un fuerte dolor. No le di mucha importancia, porque nunca he tenido un periodo tranquilo, y con esa pastilla en pocas palabras me induje uno, pero me asuste cuando ni medio paquete de ibuprofeno no me calmo el dolor como siempre lo hacía, o cuando la molestia se volvió tan insoportable que tuve que detener el coche.
Habían pasado unas 12 horas desde que tome la pastilla cuando comenzó el sangrado. Por suerte me encontraba en plena ciudad y no fue difícil localizar una clínica de planificación.
Efectivamente había sido la pastilla lo que me causo todo ese malestar, pero nada extremadamente preocupante. Me dejaron en observación un par de horas, me dieron un analgésico más fuerte y pude seguir mi viaje como si nada hubiera pasado.
Ahora me preguntaba, ¿y si hubiera sido más grabe? Podía entender que no me dijeran que Maggie era mi madre biológica, pero ella tenía una condición que podía afectar su salud de forma importante, ¿en verdad a ninguno de los tres se les ocurrió hacerme un examen para saber si yo lo tenía?
Ni siquiera tendrían que haberme dicho que era una condición genética, con alertarme que tuviera precaución era suficiente.
— Sé que no quieres que te lo digan...
— Entonces no lo digas.
—...pero, deberías dejar los cuadros con Maggie — no quise darle explicaciones, de cómo los cuadros no estaban terminados —. Eres buena, y te gusta pintar... se nota. Que los problemas con Maggie y Lucas no opaquen tu talento.
— En realidad ya no estoy tan enfadada, y sé que tengo talento — admito sin pena, porque no se ganan los premios que he ganado solo por suerte —, pero a veces eso no es suficiente para llevar una carrera, al menos no una exitosa.
— No sé mucho de arte — sonríe —, ¿Qué más necesitas aparte de talento?
— Técnica — respondo muy segura —, materiales, ingenio, pero lo más importante es alguien que te respalde y te dé a conocer. Sin estudios es casi imposible vivir del arte.
— Maggie te respaldaría
— ¿A cambio de qué?
— ¿Cómo que a cambio de qué? Para ella esto es un negocio, las galerías no se sostienen sin un par de buenos artistas... que sean de confianza y responsables, obviamente, o al menos que no sean como Zoé.
— ¿Zoé? — pregunto sin entender.
— No digas que yo te dije, mucho menos a Lucas — espera a que yo juré mi silencio antes de continuar —. La mayoría de nosotros tuvo su etapa experimental, rebelde y estúpida en el instituto o universidad...con sustancias... divertidas — admite algo avergonzado —. Digamos que Zoé se quedó pegada en esa etapa.
— Por la mayoría te refieres a... —no quiero decirlo, pero tengo curiosidad de saber si Lucas termino metido en algo que no debía.
— De nuestro grupo de amigos... todos en realidad. Partimos con un poco de hierba después de la escuela, luego alguien llevo spicos para mezclar con alcohol. La cosa se puso fea cuando alguien le encontró coca a su papá.
— ¿Coca? — pregunte sorprendida, porque no me imaginaba a Thomas o Hunt, bajo esa mierda.
¿Y a Lucas sí?
— Solo el último año de instituto y el primero de Universidad. Luego todos prometimos dejar esa mierda. A uno que otro le costó, pero nada que un viaje a los Alpes no pueda solucionar.
— ¿Suiza? — él se ríe de mi pregunta.
— Es como llamamos a los centros de rehabilitación.
— ¿Y quién fue a Suiza de ustedes? — por alguna razón se la respuesta, sin embargo, necesito que él me lo confirme.
— A Lucas le consto más salir de esa mierda — me confirma —, por culpa de Zoé. En parte, por eso todos odiamos a esa perra.
Ahora yo también la odiaba un poco más.
— Si ella sigue consumiendo, entonces Lucas... — me niego a formular la pregunta.
— Es complicado
Y es lo último que dice del tema.
***
Espero que estés disfrutando de esta historia
No olvides comentar y dejar tu voto
❤❤❤