Único Transcurrieron unos días. Notaba que Dante había superado un poco el tema, lo veía menos triste y todo marchaba bien, en ese momento. Dante, Jero y yo estábamos desayunando en una cafetería cercana, Guillermo llegaría en un rato ya que estaba en un servicio, si saben a lo que me refiero. -Que hambre que tengo y estos aquí se demoran una eternidad en preparar unos malditos omeletts. – Comentó Dante molesto, Jero y yo reímos. - Tú eres el maldito, te ofrecí ahorita unos cupcakes que había preparado y no quisiste, ahora pasa hambre. Es más, ojalá y se demoren. – Le dijo Jero y reí con ganas. Todos siempre dudábamos en comer lo que el preparaba ya que en verdad le quedaba horrible, pero yo siempre comía lo que el hacía porque se que se sentiría mal si no lo hago. Pero Dante si no lo t

