Fiesta en el yate Pasaron dos semanas, peleas similares a la anterior se repitieron muchas veces por más que tratara de evitarlas, esto se salía de mi control. No hallaba forma de razonar con Dante o que dejara de desconfiar de mí, cuando nunca le he dado motivos. Las primeras fueron por Aleksander, por Andrés, por un cliente en el bar que me dejó una de las tantas cartas, etc. Esto se volvió más frecuente aún, casi que a diario y lo peor, era que las peleas eran muy fuertes, tanto que la de anoche, me tocó dormir en la sala de Jero porque Dante no dejaba de gritarme y de decir cosas muy hirientes. Me entristecía tanto que esto sucediera, porque quería estar bien con él, lo amaba, pero era imposible por más que lo intentara todo el tiempo. Hay noches en que me recoge, pero llega antes

