Capítulo cuarenta y nueve En un intento de valentía reúno las fuerzas para llegar hasta él y darle un fuerte golpe por el costado, miro como rápidamente se levanta y fija su vista en mí, pero mi error fue creer que la perra que tengo a un lado no interferiría en nuestro combate. —Pensé que éste era un duelo de dos, no de tres—chupo la sangre que sale de mi labio roto. Sonríe falsamente —Tú error siempre será creer que todo es justo—salgo impulsada por los aires. Alcibíades antes de caer se asegura que me rompa unas costillas y recibo una patada en la cara y otra en el estómago. —DÉJENLA, MALDITA SEA SI LE HACEN ALGO MÁS LOS MATO, JURO QUE LOS MATO—su voz suena cargada de odio y rencor. Observo su rostro que se deforma cuando me ve en el suelo tirada. Levanto mi mano un poco y abro m

