Estoy oficialmente harta de la actitud chula de Scott y de su mirada condescendiente. — debería patear tu culo de esa maldita silla de ruedas — escupo en su dirección, papá, que también juega con nosotros se ríe divertido. — Sabía que eras competitiva, pero esto es interesante — se mofa Scott tomando todas las fichas en el centro de la mesa y llevándolas consigo, nos acababa de liquidar a mi padre y a mi jugando al póker. — No puedo creer que seas tan bueno — me quejo de nuevo, mientras ayudo a papá a recoger las cartas, Scott sonríe abiertamente ahora. Lo que es agradable, sus cicatrices están enrojecidas, pero casi por completo sanas, su pierna aún tendría que estar en reposo por dos meses más, aunque sus costillas le molestaban un poco, él había empezado incluso a reírse a carcajadas

