Rodeó la pequeña caseta y avanzó alrededor del arco del Coliseo, tomándose su tiempo para avanzar de un arco al otro, consciente de una amenaza potencial que lo esperaba detrás de cada columna de piedra. Sostuvo la 39 con ambas manos, más consciente que nunca de que su objetivo podría emboscarlo desde cualquier lugar, bien fuera de cerca como desde seis metros de distancia. No era que le daría la oportunidad; al único lugar al que iría Márquez era al piso. Gorila era rápido y acertado con una pistola. ¿Estaba Márquez oculto en los niveles superiores, mirando hacia abajo para dispararle con una mira de francotirador y apuntando a una gota en su sien? Un disparo a larga distancia y quedaría eliminado del juego, y la joven se perdería para siempre. Pero Gorila no pensaba así. Ya conocía la m

