Eros se zambulló con afán en la piscina. Eidren ya lo había hecho hace algunos segundos y tenía que alcanzarlo y para eso, en cada braceo, los dejaba más tiempo extendido para obtener menor resistencia del agua. Su corazón empezó a acelerarse por el deseo de lograr rebasarlo, desde hace mucho tiempo nadie hacía que usara sus habilidades de esta manera. La adrenalina le hacía temblar los brazos, pero lo llenaba de energía, una energía que le recorría cada parte de su cuerpo y lo hacía sentir vivo. La emoción que lo asaltaba era nueva para él. La calma y la serenidad eran sus virtudes sobresalientes. Pero al ser forzado a dejar eso de lado, estaba experimentado el ansia de ganar y la del nerviosismo, que le hizo sentir un nudo en el estómago. Pero a pesar de las circunstancias, en sus labios

