Haciendo caso a las palabras de Artemisa, Eros se acercó a la cama y liberó el botón de su saco y lo acomodó sobre el colchón. Quedó entonces a la vista donde guardaba su pistola y su munición, pero Artemisa ya estaba acostumbrada a verlas en los hombres que resguardaban a su padre. La seductora muchacha no se quedó quieta y sin mediar palabra se aproximó a Eros y le comenzó a ayudar para desvestirlo. Le sostuvo la sobaquera de cuero y luego le ayudó a quitarse la corbata y posterior le quitó la camisa. Los ojos de Artemisa quedaron incrustados en el cuerpo de Eros y con la yema de los dedos le acariciaba los pectorales y luego bajó hasta su abdomen marcado. Había visto bastantes cuerpos de chicos atléticos, pero este la atraía como potente imán de neodimio. Sí, eso es lo que era Eros,

