William no pensaba en sus anfitriones ni en el desayuno mientras llevaba a su compañera a un rincón tranquilo. Sentándose, la atrajo hacia su regazo, sin poder soportar la menor distancia. Ella temblaba como una hoja mientras él enterraba su nariz en la nuca de su cuello, respirando su rico y terroso aroma. Se le hacía agua la boca y estaba ansioso por deleitarse con ella. Ella gimió suavemente mientras su mano acariciaba su muslo y él mordisqueaba su oreja. A lo largo de los años tuvo varias parejas y pensaba que la insistencia de Jason en guardar su virginidad para su compañera era ingenua e innecesaria, pero ahora finalmente entendía y lamentaba todo el tiempo que había perdido con esas otras lobas. Ninguna de ellas podía compararse con la imponente belleza en su regazo. No era su ti

