Capítulo VII - VENI

1502 Palabras
Yo mis audífonos y escucho uno de mis audiolibros favoritos "PIDEME LO QUE QUIERAS" me permito perderme en el relato y avanzo lenta pero segura, entonces en un punto se arma un gran trancón y comienzo a impacientarme mientras miro la hora en el reloj, trato de meterme con mi bici por los resquicios del tráfico y salgo de allí, sin embargo, eso no me salva del enojado señor Antonescu. — Señorita Góngora, la esperaba hace media hora — las lágrimas pican en mis ojos. «Joder, estoy demasiado sensible, no me digas que mis días han llegado» pienso — Lamento el retraso señor, pero hubo un inmenso trancón y como bien sabe vivo al otro lado de la ciudad — digo La señora Antonescu hace su aparición sorprendida — Querido, no me dijiste eso — dice la señora Antonescu terminado de ponerse un elegante pendiente en uno de los lóbulos de sus orejas. — Magda — llama la señora Antonescu — ¿Señora? — dice — Prepara el salón cerrado para la señorita Gongora, me encargaré de que traigan sus cosas, no puedo permitir que una jovencita se arriesgue en la calle — dice — Señora, no es necesario, por favor, no se moleste, soy yo quien debería disculparme por no haberle dicho, permítame cambiarme, prepararé su desayuno — digo saliendo al baño para cambiarme, una vez lista salgo de allí y voy a la Cocina, la verdad es que no tengo idea de que les gusta, pero me voy por lo elegante y rústico, así que preparo huevos benedictinos, con scones y café caliente. La señora Antonescu me ve en la cocina y sonríe, parece satisfecha con lo que hago. — Por favor, tomen asiento, espero que les guste — digo y me retiro a otros quehaceres, limpiar y organizar la magnífica biblioteca familiar, olor a libros y tinta de imprenta, era el paraíso, unos más altos que otros los estantes pero había suficientes asientos y escaleras para subirme en ellos, más tarde, los señores Antonescu se marchan dejándome al cuidado de Magda, quien se va al jardín de la casa y yo subo a la segunda planta, con mi carrito de implementos de aseo, la pluma de sacudir escoba, trapero y escurridor junto con el balde de agua, comienzo a sacudir los espacios concienzudamente, hasta que una puerta está cerrada llama mi atención, me debato entre abrirla o no, quiero decir NO habían reglas de las puertas y lugares que debía limpiar o las puertas que debía abrir o no. Finalmente me decido por abrir la puerta, pero NADA, de lo que hubiera podido pensar me habría preparado para ese momento, después de todo, la escena que se desenvuelve frente a mi es algo que me pone en alerta máxima, y NO, ¡No es eso! de verdad, es otra cosa, que incluso hace que me pregunte si debería llamar a Magda o a alguien más, un chico bastante alto y de contextura fuerte y musculosa con su torso desnudo y cubierto de sangre, abro mi boca deseando decir algo al respecto, pero después de todo, sólo actúo como pro reflejo, la pluma de sacudir que estaba en mis manos, cae al suelo y usando alcohol desinfecto mis manos y me acerco. — j***r ¿te encuentras bien?— pregunto mientras me acerco, el chico a pesar de sus heridas, no parece ser muy consciente de su dolor , me doy una palmada en la frente y — Pero que tonta, claro que NO estás bien, perdona, déjame ayudarte — agrego — Si estoy bien, deberías ver a los otros, además he pasado por peores — dice como si fuese lo más normal del mundo, pero su voz profunda me parece conocida , no me doy tiempo a pensar de quién puede ser y... — Ahm, bien puede que así sea, pero Yo, no puedo dejarte así, sé algo de primeros auxilios, te ayudaré a limpiar las heridas y te vendaré — digo. El chico asiente— Toma las vendas que están en el rincón de aquel vestidor y toma el desinfectante y gracias, disculpa que te veas involucrada en esto, usualmente lo hace Magda pero parece ocupada — dice y yo asiento. — Bien, bien, no te preocupes, he sido yo quien te a ofrecido mi ayuda— digo — Bien — dice El estado de su cuerpo me ha dejado atónita, pobre que le habrá pasado, parece que no le afecta, pero sé la de veces que he fingido que me siento bien para no verme débil, sin embargo su mirada vulnerable de como si le fuese a juzgar por su estado, no me pasó desapercibida. Tomo desinfectante y con cuidado comienzo a limpiar su torso, los músculos se sienten bajo mis manos, pero honestamente no me hace sentir nerviosa o esas cosas más bien preocupada, la sangre parece no detenerse, limpio con más prontitud pero sin perder el cuidado. — Ahm, soy Airyn, es un gusto ¿Cuál es tu nombre? — pregunto — Airyn, interesante nombre, soy Ayrton, bienvenida, ya nos habíamos visto, pero no conocido — dice mientras le miro fijamente, sin duda honestamente este chico tiene unos ojos café oscuros cautivadores y unos labios muy hermosos . «Pero NO, no debo ir por esa clase de camino, recuerda lo que le pasó a la zorra de la fábula de Esopo, por desear lo que NO podía tener quedó con hambre, Ay Dios mío, pero ¿Qué cosas pienso?» — Bien, Ayrton, espero que te recuperes pronto — digo comenzando a vendarlo, trato de que no quede demasiado ajustado, pero tampoco demasiado suelto, cuando estoy por terminar, veo el tatuaje en su pecho. Esas palabras que se han aparecido en mi vida desde hace un tiempo parecen ser haber sido el augurio premonitorio de este momento. — Vaya tatuaje, aunque No es muy original que digamos — suelto de buenas a primeras — ¿Disculpa? — pregunta, pero en ese momento, Magda nos encuentra. — Airyn, ¿Qué haces aquí? No debes subir a la segunda planta — dice — Lo lamento, señora Magda— comienzo pero el joven jefe me detiene negando — Magda, déjalo, no te enfades, entró por accidente y le he pedido que me ayudara — dice — Lo siento señorito Ayrton, no hemos hecho las presentaciones, ella es Airyn la nueva ayudante de casa — dice El chico me echa una mirada y me siento algo incómoda, ¿Me está juzgando? ¿Acaso me culpa de lo que pasó? No vayas allí, pienso y entonces me retiro. La señora Magda baja después y se disculpa conmigo. — La verdad es que el señorito no suele ser muy sociable, es más bien un poco cerrado en ocasiones, para ponerlo simple vive en su propio mundo, tiene sus amigos y suele entablar charla con todo tipo de persona, pero no suele encajar mucho es más bien algo diferente — me explica — Todos somos diferentes Magda, me alegra haberle podido ayudar — digo — Parece que le has caído bien, no suele ser tan hablador con una persona que recién conoce — dice — La verdad estaba tan nerviosa al ver toda esa sangre que no tuve tiempo para pensar en si hablaba mucho o poco — digo y ella ríe — Eres una chica especial, parece que NO has caído bajo el encanto del señorito — dice y yo sonrío — Bueno, estuve a punto, pero honestamente me asustan los Chicos guapos — digo y ella abre sus ojos sorprendida — ¿Por qué les temes a los chicos guapos? — pregunta inconscientemente La verdad NO estaba segura de si contarle mi frustrante historia, en este momento me preocupa más que no vayan a abrirse los vendajes del joven jefe, después de todo he Sido yo quien le ha ayudado a ponérselos. — Magda, tal vez otro día podamos hablar de ello, por ahora me preocupa que no le sea fácil al joven jefe bajar la inflamación de su torso al menos le apuñalaron 3 veces — digo y ella sonríe — Me alegra que alguien se preocupe sinceramente por él, parece que no lo juzgas por sus heridas — dice me encojo de hombros. — Mira Magda, todos hacemos cosas buenas o malas, he visto políticos dárselas de santos pero terminan siendo los villanos de la historia y he visto villanos convertirse en los héroes del lugar — digo pensando en mi país — No puedo saber que ha llevado al señorito a recibir esas heridas, pero él es alguien con sentido común, él Sabrá por qué ha hecho lo que hizo y no le voy a juzgar, porque lamentablemente cuando juzgamos alguien más también lo está haciendo, así que prefiero esperar que tal vez un día el quiera decirnos el por qué de sus heridas — digo y entonces sin más palabras alcanzó a ver la sombra del joven jefe en las escaleras, trago el nudo en mi garganta.
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