Atrevimiento

958 Palabras
Después de esperar a que se bañara, fuimos por algo de comer y regresamos de nuevo a la habitación. Luego de tantos años de angustia, por fin puedo acostarme a dormir sin tener la tendencia de que esa mujer va a aparecerse. Paz dulce paz. —¿Realmente crees que un chamaco débil y cobarde como tú, podría llegar a hacerme algo? Entre tanta oscuridad, pude oír la voz de ese infeliz, burlándose de mí como la mayor parte del tiempo hacía. ¿Cómo es posible? Si yo… yo lo maté… —Vas a cargar conmigo para siempre, Athan — susurró en mi oído. —No, no, no… — me desperté de golpe, encharcado en sudor y con el sabor metálico de la sangre en el paladar. —Athan, ¿te encuentras bien? — tras ver a Estefanía, pude recobrar el aliento. —Necesito ir al baño. —Fue una pesadilla, ¿cierto? No dejabas de quejarte. —Ese desgraciado, aún después de muerto, quiere ser un dolor de cabeza para mí. —Él ya no está, Athan. —Lo sé, créeme que lo sé. Fui al baño en busca de una buena ducha, para al menos sentir el agua recorriendo mi cuerpo. No podía sacarme su rostro de mi cabeza, por más que lo intentaba. Es como si pudiera ver esa sonrisa tan fastidiosa en sus labios. Yo tuve la dicha de borrar esa sonrisa de su rostro, ¿por qué la sigo viendo? Luego de vestirme, regresé a la habitación y me asomé por la ventana, pues el sueño se me había ido. —Solo fue una pesadilla. Intenta seguir durmiendo. Te ves muy cansado y necesitas el descanso. —No quiero dormir más. —De acuerdo — se sentó, pegando su espalda contra el respaldo de la cama. —¿Qué haces? —Me quedaré despierta un poco más. —Tú duerme. No te desveles por mí. —Tampoco puedo dormir— se quitó la sábana y recostó su cabeza en las rodillas—. Hace mucho calor. Mis ojos se desviaron a su entrepierna y me sentí tan incómodo que desvié la mirada. No sé por qué mi cuerpo reaccionó de esa manera tan sucia y rápida. —Han pasado tantas cosas que había olvidado preguntarte: ¿Aún te duele? Ya sabes, esa parte… — fui por el control de la calefacción y le bajé la temperatura para que enfriara el cuarto, y de paso ocultar la incomodidad de mi pantalón. Ella es como una hermana para mí. Debo estar perdiendo la cabeza para verla de alguna otra manera. Creo que todo lo que ha pasado es lo que me ha puesto así. —Más me duelen los recuerdos. —¿Puedo hacerte una pregunta que tal vez esté fuera de lugar? —Dime. —¿Esa noche fue la primera vez que pasó? Guardó silencio por unos segundos. —No. —¡Maldito cerdo! —No quiero hablar más de eso, por favor. —Lo siento, no quise incomodarte. Me senté al otro lado de la cama y ella al sentir que lo hice, levantó la cabeza. —¿Ahora sí vas a dormir? —No, ahora mismo no puedo — me puse la sábana de las piernas para abajo. —¿No sientes calor? —Sí. Quise decir, no. ¿Por qué las cosas se pusieron tan incómodas de repente, principalmente el silencio? Debo pensar en otras cosas, quizá contar ovejas me funcione para sacar de mi cabeza lo que vi de ella. No está bien pensar en cosas extrañas. Debo aclarar y lidiar con esos pensamientos. Es la primera vez que me sucede esto, al menos sin que alguien lo haya provocado intencionalmente. Sí sé que está mal, ¿por qué no puedo evitarlo? —¿Estás bien? Es como si mi sentido del olfato se hubiera vuelto sensible y pudiera percibir su perfume. —¿Por qué me estás ignorando? ¿Dije algo malo? —No te estoy ignorando. Creo que trataré de dormir ahora — suspiré. —¿Realmente me ves como una hermana? — su pregunta fue tan inesperada, que sentí como si de alguna manera se hubiese dado cuenta, aunque creo que solo fue idea mía. —¿Por qué me haces esa pregunta? —Curiosidad. —Claro que sí. —¿Y por qué me tocaste? —Te dije que fue sin querer. No sabía que había tocado una parte tan sensible como esa. Te dije que no volverá a pasar, así que puedes descansar tranquila. Digo, si es eso lo que te preocupa. Debo cambiar el tema de alguna manera, pero no sé cómo. Ni siquiera sé por qué trae a colación eso nuevamente y justo en el peor momento. —¿Lo harías otra vez? — pese a lo que dijo, siguió mirando hacia la ventana. ¿Qué cosas está diciendo? Eso sonó a una petición, más que una pregunta. Creo que la noche es la que nos ha estado haciendo actuar o pensar en cosas como esta. Sí, la noche y la cercanía deben ser los culpables. No hay de otra que yo haga algo así… A pesar de lo que me repetía a mí mismo, no sé por qué mis manos actuaron por su cuenta, sin siquiera contar con mi permiso o con el suyo. Realmente solo agarré su seno con una mano y aunque fue por encima de la blusa, pude percibir que le estaba ocurriendo lo mismo que en aquel otro momento. ¿Por qué se siente tan distinto? ¿Qué estoy haciendo? ¿Es que acaso me he vuelto igual a ese ser inmundo de mi padre? ¿Cómo pude atreverme a tocarla de esa forma sin su permiso?
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